martes, 31 de mayo de 2011

UNA VIDA PARA AMAR

En aquel reino la brujería era cruelmente perseguida, podía esperar piedad el asesino - aún los más crueles como el parricida y el infanticida -, el asaltante, la prostituta pero jamás el hechicero, la sola sospecha de serlo era suficiente para ser invitado a bailar con la soga en el cuello. La reina en persona dirigía aquella lucha, por eso su nombre era temido por científicos, astrónomos, alquimistas, curanderos y todos aquellos cuya profesión podría ocasionar se les acusara de practicar algún tipo de magia.

Y mientras el reino se estremecía por la persecución, dentro de los muros del palacio la hechicería florecía, su exponente: ¡La reina misma!. Deseaba que sólo ella y algunos allegados poseyeran los secretos de la magia y era esa, no la defensa de la religión cristiana, la verdadera causa de la crueldad para con los hechiceros.

Y esta política unida a su falta de escrúpulos y a la casi total ausencia de amor por alguien que no fuera ella misma le permitía ejercer una férrea tiranía, y digo casi porque la reina adoraba con fervor a su único hijo, tal vez por que sentía que había surgido de ella misma y al amarlo se amaba.

La vida tiene alma de bufón, por eso el hijo de la reina era tan diferente a ella como el día a la noche: mientras su madre buscaba aumentar su poderío, él gustaba de los bosques y los lugares solitarios y todo el mundo lo conocía por su sencillez y bondad, razón por la que se enamoró de la joven más noble, bondadosa, sencilla y... pobre de todo el reino.

Cuando la reina lo supo sintió desfallecer: ¡Su hijo con una maldita plebeya!, ¡Nunca lo permitiría!

Desempolvó viejos libros, hizo inventario de los más crueles hechizos, imaginó las más terribles venganzas...

Pensó en convertir a la joven en un ser horrible o en algún animal, pero conocía a su hijo, él reconocería a la joven que amaba sin importar en que la transformara y se quedaría a su lado fuera ella lo que fuera.

Consideró quitarle la vida, más no lo hizo pues pensaba que su hijo moriría de dolor y antes de morir buscaría al culpable por cielo y tierra para cobrar venganza y llegado el momento el dolor de saber a su amada muerta podría hacerle olvidar de quién era hijo.

Intentó borrar el amor que sentían el uno por el otro pero descubrió lo débil de su magia.

Finalmente se le ocurrió la idea perfecta, se apareció ante los amantes, con el rostro y aspecto de un anciano que hacía poco habían llevado a una de las mazmorras, y les dijo:

“- Les condeno a que cada segundo que pase el uno al lado del otro lo tenga que pagar con su propia vida -.”

Luego se quedó en silencio, observándolos, mientras pensaba:

- Ahora tendrán que separarse pues estar junto al otro será dañarlo, sabrán que el otro vive y eso les permitirá vivir, ilusoriamente buscaran el contrahechizo que no existe y mientras buscan una solución la distancia borrará lo que no pudo borrar mi magia, mientras tanto aprovecharé para ganarme el apreció de mi hijo, sacrificaré en su presencia al hombre que él piensa culpable y le ofreceré una ayuda que él no sabrá es inútil y falsa.

Entonces ellos la miraron con lástima, luego se acercaron lentamente el uno al otro y se gastaron la vida entera en darse un beso, y el corazón de la bruja estalló en pedazos.

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