martes, 31 de mayo de 2011

¿PROFE ME DEJA USAR EL APARATO?

En los tiempos de mi infancia recuerdo que cuando alguien vivía en la parte alta de Boston o Villa Hermosa se decía por molestarle: “Este que vive junto a las letras del Coltejer” y es que en el Medellín de principios de los ochenta aquello era una exageración que se adentraba en el campo de lo absurdo, nadie imaginaba, ni siquiera en sueños, que la ciudad pudiera crecer tanto.

Hoy, finales de la década del noventa mucha gente vive más arriba de las letras del Coltejer las cuales están muy cercanas al centro si se comparan con la ubicación de los barrios periféricos aledaños al cerro Pan de Azúcar.

Es en una escuela de aquellos barrios periféricos donde se desarrolla esta historia que se la escuche a uno de sus protagonistas en un taller ecológico para maestros que se llevo a cabo en el jardín botánico.

Claudia Grisales, licenciada en educación básica primaria de la Universidad de Antioquia pensaba que conocía la miseria y la pobreza hasta que llegó a aquel asentamiento y se dio cuenta que comparado a aquel lugar los barrios como Castilla aún en sus sectores más pobres nadaban en la abundancia.

No es fácil enseñar a un niño en estado de desnutrición crónica cuyos padres son analfabetos lo cual reduce drásticamente sus posibilidades laborales, que vive en una pocilga con ocho hermanos de diferentes padres, sus abuelos, su mamá y el padrastro de turno, doce personas o más viviendo en un rancho hecho de cartones y pedazos de tablas, compartiendo un solo dormitorio y cocinando en un fogón de leña, y es todavía más difícil cuando aquel niño no es solo un caso aislado sino uno más entre cientos de niños que viven en condiciones infrahumanas rodeados de droga y violencia, acompañantes cotidianos de los seres del no futuro.

Pero Claudia Grisales no era de los seres que se rendían, comenzó a luchar para cambiar las cosas y de las primeras cosas que logró fue conseguir una donación de doce computadores: sin multimedia, con un disco duro de poca capacidad, monitores blanco y negro pero un verdadero lujo para aquella escuela que sin agua ni alcantarillado pudo vestirse de gala para estrenar una sala de computo.

Llegó el primer día de clases y en medio de la algarabía, del desorden de los niños que aun no saben cual va a ser su profesor un pequeño de segundo de primaria se le acercó:

- ¿Profe me deja usar el aparato? - Preguntó el niño señalando el salón de cómputos.

- No puedes, primero tengo que enseñarte.

- Profe yo ya lo he manejado, en mi casa no hay pero una vez mi mamá me llevó a la casa de unos señores muy ricos que le pagaban para que arreglara la casa y les planchara la ropa y ellos me enseñaron a manejarlo -.

Claudia sonrió, cosas como el entusiasmo de aquel pequeño que pese a su pobreza le decía con orgullo que el sabía manejar un computador le daban fuerzas para seguir.

- Luego te dejo usar el aparato, tal vez no sea tan avanzado como el que tú conoces y haya que manejarlo diferente.

- Profe eso casi siempre es lo mismo, tiene uno que ser muy bruto pa’ no saber como funciona uno después de haber conocido otro.

- Eso crees tú mi amor pero luego te vas a dar cuenta que pueden haber muchas diferencias entre uno y otro -.

El niño hizo un gesto de no estar muy convencido y se marcho a jugar mientras Claudia se dirigía a la rectoría para tratar algunos asuntos. Minutos después tocaron la puerta de rectoría y al abrir Claudia se encontró con el pequeño que la miraba con ojos llenos de temor.

- Profe yo no lo dañe, yo me entre a la pieza y lo use pero ya estaba malo -.

Preocupada por los equipos la profesora corrió a la sala de computo y al llegar encontró que todos tenían los forros puestos.

-¿Cuál es el aparato que usaste?

- Ese dijo el pequeño y su dedo señaló tembloroso el cuarto de baño.

- ¿Te refieres al inodoro?

- Si profe -.

Los ojos de Claudia se llenaron de tristeza, todo ese asombro y entusiasmo por un inodoro.

- ¿Profe cierto que lo puedo seguir usando? - Suplicó el pequeño más que preguntar.

- ¿Te gusta mucho usarlo?

- Si profe, eso es muy bacano; uno se sienta y luego vacea y listo mientras que en mi casa profe hay que meterse entre los matorrales pues muy cerca de la casa no se puede porque después quién se aguanta el olor y los mosquitos además hay que hacer un hueco pa’ enterrar lo que se hizo y el colombiano con el que uno se limpia le pela a uno la nalga. Además profe a veces salen alacranes. No profe es que yo quiero estudiar pa’ que cuando sea grande pueda tener plata y haya un inodoro en mi casa.

Dado en Medellín el 9 de agosto del 2001.

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