Un rostro como de caricatura japonesa:
rasgos suaves y definidos,
capaz de mostrar ternura y sensualidad.
Unos senos voluptuosos, pero proporcionados.
Unos labios carnosos.
Unas nalgas firmes y redondeadas.
Esas son cosas que atraen.
Hay cosas que enamoran:
Que te amarren los zapatos
y tengan la capacidad de sembrar
en los labios grises una sonrisa,
alejando el fantasma de la pesadumbre
cuyo peso estaba haciéndote caer
a ese pantano fétido
que estropea las alas,
condenando a los sueños
al limbo del no-vuelo.
La mirada capaz de reflejarte
de tal manera
que te sientes bello
aunque no lo seas.
La voz de aliento
que te ayuda a levantarte,
y sigue allí
aún cuando caigas de nuevo.
Los oídos abiertos a las palabras
y el ser capaz de considerar poesía
el torpe balbuceo con el cual
buscas expresar lo que sientes.
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