Abrió sus sentidos al universo y se estremeció ante el contacto de la existencia.
No era más que un pedazo de génesis que en un descuido se escapó de las manos de Dios sin que este le imprimiera forma alguna, por eso podía serlo todo, por eso no era nada.
Y de repente centró su atención en el viento, se hizo su amigo, juguetearon como dos niños celestes...
-¿Qué quieres que sea? - preguntó el ser amorfo al viento que amaba y este le contestó que la soñaba nube.
Fue nube, recorrió el cielo impulsado por su amigo el viento y se hizo amiga de otra nube y sintió que la amaba.
-¿Qué deseas que sea? - Y la nube la deseó agua.
Fue agua, desde la nube emprendió el vuelo pues para las gotas de lluvia la tierra es el cielo, sienten que ascienden mientras nosotros decimos que caen; y mientras descendía - o ascendía - la gota de agua se enamoró de sus compañeras de voz cristalina, cuerpo esférico y transparente; olvidó de nuevo su antiguo amor y como sólo conocía una forma de amar hizo la pregunta:
- ¿Qué anhelas que sea? - y el agua la anhelo caudal.
Fue caudal, se convirtió en el camino que permitió a las gotas ser río y entonces se hizo la pregunta:
- ¿Quién soy, que seré cuando nadie me quiera nada y pueda ser yo mismo?
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