La plasmó en el lienzo tal como la había visto y quienes la conocían se daban cuenta que era y no era el rostro de ella, que quien la había pintado había idealizado sus rasgos y minimizados sus defectos de una forma tan sutil que no podía ser consciente, que aquel retrato había sido pintado por alguien que la amaba.
- Esa mujer se va a volver loca cuando vea ese retrato.
- Ojalá, pero no lo creo, llevamos años siendo tan sólo amigos pese a que ella sabe cuanto la amo y no creo que un simple cuadro cambie las cosas.
- ¡Un simple cuadro!, no hermano lo que pasa es que usted es muy pesimista pero cuando esa mujer vea ese cuadro va reaccionar de tal forma que usted no lo va a creer.
Y en verdad el asombró se pintó en su rostro cuando ella apenas le dirigió una mirada al cuadro.
- Está bonito, lo voy a colocar en mi habitación. A propósito voy a la opera, si quieres me acompañas.
- No puedo, quede de verme con Roberto esta noche.
- No hermano, esa mujer no tiene sentimientos; si a otra mujer usted le hubiera llevado ese retrato se hubiera derretido.
- Mejor no digas nada, no quiero oír hablar de lo que otras mujeres hubieran hecho, María es diferente y no debí haberme ilusionado con lo que me dijiste.
Y el tiempo siguió transcurriendo, hasta que un día al escuchar a María reír y contar un cuento a un grupo de niños sintió que aquellas risas y voces eran los acordes de una hermosa melodía, así que se fue para su casa y transformó en música aquel sentir.
- Ahora si la vas a enamorar, puede que el retrato no la haya seducido pero la magia de la música lo hará.
- Ojalá pero no lo creo - dijo él aunque las palabras de Roberto eran el reflejo de la esperanza que guardaba dentro de si.
- Este hermosa. - dijo ella al escuchar la melodía. - Voy a mostrársela a Julian, le gusta mucho tu música y se que le agradará escuchar una melodía inédita tuya.
- ¿Julian?, creí que habían terminado.
- Estas loco, adoró a ese hombre.
- No hermano, esa mujer no tiene sentimientos, si a otra mujer usted le compone una melodía tan hermosa se hubiera derretido a sus pies.
- No me diga nada, yo no se para que lo escucho, la melodía la compuse por que me la inspiró y no para enamorarla.
- Pero te gustaría enamorarla ¿ O no?
Él ni contestó, negarlo sería absurdo, todos sabían que María era su gran amor.
Y el amor que sentía decidió hacerlo palabras.
- Uy hermanito se lució , es que vea si un hombre me regala un poema así yo me vuelvo marica pero le hago caso.
- Usted siempre dice lo mismo.
- Yo se que hasta ahora me he equivocado pero es que un poema son palabras y es con palabras que los hombres seducen a las mujeres.
Y cuando María leyó el poema.
- Es hermoso, ojalá Julian me escribiera un poema así pero aunque él no escriba poesía la verdad es que me la hace vivir.
- No hermanito, esa mujer no tiene sangre sino hielo en las venas, otra mujer...
- Si otra, pues presénteme esa otra que pueda enamorar con mis retratos, melodías y poemas porque María nunca se va a enamorar de mí.
Y Roberto se la presentó y él la enamoró con sus retratos, melodías y poemas, y casi fue feliz con ella, casi porque él sabia que aquellos retratos, melodías y poemas debían su hermosura al hecho de que en el momento de crearlos pensaba en María.
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