1. Sombrío y Oleide.
Para la manada siempre había sido un misterio, ¿Cómo podía poseer unos cuernos tan grandes y ser a la vez hembra? Era lago que nunca antes había pasado.
Por eso se habían tejido miles de leyendas acerca de su origen y entre ellas la más creíble para la manada era la del enamoramiento del dios Sombrío.
Cuentan que un día Oñirac, deidad de los enamorados, decidió vengarse de la mofa que Sombrío hacía al amor y a aquellos que amaban así que le suministró un brebaje capaz de hacer palpitar el corazón de la ausencia.
Sombrío, víctima de aquella poción, depositó su amor en el primer ser que se cruzó en su camino, quiso el destino que fuera Oleide, la dama de hielo, la elegida.
Triste destino para Sombrío, él que se había mofado de aquel sentimiento no sólo estaba enamorado sino que anhelaba poseer a la mujer menos dada al amor, y es que no sólo era la frialdad natural de su esencia de hielo lo que hacía que Oleide se negara a enamorarse, sino el saber que si llegaba a enamorarse el calor de sus sentimientos terminaría diluyéndola y matándola.
Sombrío ignoraba aquello, así que comenzó a luchar con toda su alma para conquistarla, y fue tan grande aquel enamoramiento que al verlo los seres no lo reconocían y pronto se comenzó a hablar de un nuevo dios al que dieron el nombre de Enamorado.
Y por fin un día Oleide no pudo resistirse más y terminó entregándose a Sombrío, pero apenas había comenzado a acariciar la piel de su amada cuando Oleide comenzó a diluirse en sus brazos.
- ¿Qué pasa?
- Nada, es sólo que mi esencia no resiste pasión ni caricias y que debo pagar mi pecado de amarte pues es esto algo que no admite mi naturaleza.
Y luego de aquellas palabras se diluyó con una sonrisa en los labios.
De la garganta de Sombrío brotó un grito de dolor que oscureció a todo el universo, pues hasta el más humilde rayo de luz se negó a iluminar aquella pesadumbre.
Fue sólo un instante mas cuando la luz volvió Sombrío se había diluido en su propio llanto y de los dos enamorados sólo quedaba un fuente habitada por dos líquidos: el de la superficie: brillante, cristalino, dulce como la miel, frío como la escarcha; el del fondo: opaco, negro, turbio y amargo como la hiel.
Oñirac que presenció todo aquello tuvo miedo de aquella fuente y del poder que guardaba así que atrajo a una novilla para que bebiera ambos líquidos pero sólo pudo beber el líquido de la superficie pues una leona surgió de improviso y le hizo huir. La felina regresó sin su presa y sedienta se acercó a la fuente y bebió hasta la última gota del líquido negro.
Al llegar la primavera la novilla parió a Ardnas, cuernos de plata, una robusta ternera, blanca como la nieve a la que con el tiempo le crecieron un par de pitones tan portentosos que hubieran causado asombro incluso en un toro.
Y la leona parió a Terlaw, el león negro, que al crecer asombró a los otros felinos, no sólo por el color oscuro de su piel, sino además por su afición a la caza - tarea propia de hembras - y por su predilección por la noche, convirtiéndose en el más poderoso de los depredadores nocturnos que recordará la historia de la selva.
Y era esta última parte de la leyenda la que la hacía la más creíble para la manada pues no sólo explicaba el origen de Ardnas sino también de Terlaw, su más temido enemigo.
2. El Primer Encuentro.
En medio de la noche el león negro recordaba el dialogo con su madre:
- No puede seguir violando las leyes de nuestra especie...
- Pero...
- Déjame hablar, no es normal que un león macho cace, lo normal es que enfrentes a otros machos por el dominio de las hembras, son las hembras las que cazan.
- ¿Y para qué quiero una hembra? No necesito que cacen para mí, no quiero renunciar al placer de acechar a mi presa en medio de la noche.
- ¡La noche! No eres una pantera negra aunque el color de tu piel los haga semejantes; eres un león y como tal deberías limitar tus actividades a las horas diurnas.
- Si madre, no soy una pantera pero tampoco soy un león, puede ser que por fuera lo único que me diferencie de un león sea el color de la piel pero por dentro hay demasiadas diferencias.
Y ahora estaba allí, en medio de la noche, acechando su presa cerca.
El sonido hecho por una pantera negra al atrapar un ciervo le apartó de sus pensamientos, una sonrisa apareció en su rostro y un portentoso rugido hizo estremecer la selva entera.
La pantera negra reaccionó rápidamente pese al asombro. No era normal que otro felino se entrometiera cuando ella acababa de atrapar una presa y no iba a permitir que la despojaran de su alimento, pero Terlaw no estaba interesado en el ciervo, se acercó lentamente a la pantera y esperó que esta atacara, el zarpazo sólo logró rasgar el viento y en forma casi simultánea la pantera sintió como los colmillos del león negro se clavaban en su cuello mientras con un zarpazo le abría el pecho arrancándole el corazón y la vida.
Mientras devoraba la pantera, Terlaw lamentaba lo corto de la lucha; ansiaba encontrar una presa a la que quitarle la vida fuera realmente un reto pero todo intento había sido inútil.
Cerca de allí Ardnas contemplaba la luna llena, su amor por la soledad y la noche asombraba a la manada casi tanto como sus cuernos. Al escuchar la agonía del ciervo sintió tristeza más no temor, luego, al escuchar los sonidos de la fugaz lucha entre la pantera y Terlaw decidió acercarse pues comprendió que sucedía algo inusual y sus ojos se encontraron con Terlaw devorando la pantera.
El león negro sintió aquella mirada y por primera vez en su vida se estremeció, giró lentamente su cabeza y la vio.
- ¿Ardnas?
- ¿Terlaw?
- Creí que eras un mito.
- Pensé lo mismo.
- Y qué hace una vaca despierta y recorriendo el bosque en medio de la noche.
- Miraba la luna llena, ¿La has visto?
- Si la he visto, no sólo cuando esta llena sino cuando decrece, entonces tiene la forma de unos cuernos de plata como los tuyos.
Ardnas sonrió, la comparación le pareció un halago, como si Terlaw la estuviera cortejando pero eso era imposible a menos que...
- ¿Crees en la leyenda de nuestro origen?
- ¿Cual de todas?
- La única que nos menciona a ambos.
- No se, mi madre dice que aquel pozo existió pero eso no significa nada.
- Mi madre también bebió del pozo.
- Pues si la historia es real nuestro origen es un amor imposible y lo mismo nuestro presente, la única forma en que tu y yo podríamos ser uno es si decido devorarte.
- Cuidado Terlaw, muchos felinos han querido usarme como alimento y han terminado siendo banquete de los carroñeros. No soy Oleide, entre el hielo y la plata hay mucha diferencia.
- Lo se, pero yo tampoco soy Sombrío. Soy Terlaw, el león negro y mi pasión es matar y hasta ahora he buscado inútilmente una presa a la que realmente sea difícil quitarle la vida.
- Hasta ahora - dijo Ardnas preparándose para la lucha.
El ataque del león negro fue de una rapidez sorprendente pero sus zarpas sólo rasgaron el viento a la vez que los cuernos de plata se clavaban en el corazón del felino.
3. El Nacimiento Del Unicornio.
Cuando los cuernos de Ardnas penetraron en el corazón de Terlaw ambos supieron que la leyenda era verdad pues por un momento las esencias de Sombrío y Oleide se tocaron y una oleada de amor recorrió ambos cuerpos.
Terlaw regresó cabizbajo a su cubil, los cuernos no le habían herido físicamente pero habían dejado dentro de él un vacío que sólo Ardnas podía llenar.
Cerró los ojos y supo que estaba soñando cuando la vio a su lado, en silencio se acercaron y comenzaron a copular sigilosamente para evitar que algún sonido les despertara.
Al llegar al orgasmo los cuernos de Ardnas se clavaron de nuevo en el corazón de Terlaw llenando el vacío que antes habían dejado y el león negro clavó sus colmillos en el cuello de ella.
La sangre comenzó a fluir: sangre del corazón de Terlaw que comenzó a desintegrarse incapaz de contener tanto amor, tanta angustia, tanto miedo; sangre del cuello de Ardnas desgarrado amorosamente por los colmillos del león negro.
Y la sangre de Terlaw - negra, opaca, turbia y amarga - y Ardnas - brillante, cristalina, dulce como la miel y fría como la escarcha - se mezcló con los fluidos corporales producto del orgasmo de ambos y de aquella unión surgió un ser con el cuerpo de un bovino - como Ardnas - y una melena negra - como la de Terlaw - y en la frente dos cuernos entrelazados formando uno solo; y un mugido - rugido brotó de su hocico y llegó el despertar cerrando sus fauces para devorar aquello que no podía ser, todo menos a aquel ser que fue más rápido y logró emerger a la realidad y al que tiempo después se le dio el nombre de unicornio por tener en su frente dos cuernos retorcidos como si fueran uno sólo.
4. El Final.
La pesadilla comenzó con el despertar, en su corazón el vacío se había hecho más grande y con el transcurrir de las noches, el vacío crecía junto con la luna.
Y la primer noche de luna llena Terlaw se internó entre los árboles, se dirigió al lugar del primer encuentro y allí la encontró.
- Tengo que destruirte - rugió el león negro. - La única forma de que estés siempre conmigo es devorarte, sólo así podré llenar la ausencia que me has dejado.
Ardnas no dijo nada, se preparó para una lucha que sabía definitiva, pensando, al igual que Terlaw, que uno de los dos debía morir para así matar toda esperanza de que aquel amor fuera posible y evitar que la ausencia y el dolor se hicieran más grandes.
Se lanzaron rápidamente el uno contra el otro, buscando encontrarse en un abrazo mortal de cuernos y colmillos, deseando que fuera el otro quien ganara pero dispuestos a darlo todo por lograr la victoria.
Los colmillos se cerraron sobre el cuello, los cuernos chocaron contra el pecho y el mugido - rugido del unicornio rasgó el aire.
Allí estaba el unicornio, en medio de ambos, los colmillos de Terlaw no pudieron penetrar aquel cuello protegido por el escudo que formaba la melena negra y los cuernos de Ardnas no pudieron traspasar aquel pecho transparente y luminoso de bovino.
En ese momento comprendieron que ni matando al otro podrían acabar con el amor que sentían, así como no podían dañar al unicornio.
Pero la pasión de Terlaw era matar, más que saltar voló sobre el cuerpo del unicornio y cayó sobre Ardnas, sus colmillos buscaron el cuello de su amada y sus fauces se cerraron en un beso para luego huir derrotado por no ser capaz de matarla.
Desde aquel día Terlaw vaga en las noches, y a veces se encuentra con ella, la mira y luego huye.
Y las noches de luna llena el león negro busca una vaca y copula con ella para luego devorarla, tratando en vano de aniquilar el recuerdo de Ardnas y llenar el vacío de su interior.
Y todos los animales temen encontrarlo pues su pasión sigue siendo matar.
Sólo Ardnas y el unicornio se le pueden acercar impunemente, pues el odio del león negro no es tan fuerte como el amor que le dio origen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario