¿Qué decir que no haya dicho ya
alguien más joven, más atractivo,
más inteligente, más apropiado?
Pero mi corazón es inexorable,
las palabras deben decirse,
para que no lo ahoguen
al convertirse en suspiros.
Por eso aquí estoy,
cómo el bufón que se atreve
a llevar serenata a la bella princesa.
Serás decapitado,
le advierten sus amigos,
pero él hace rato perdió
la cabeza por ella,
así que la advertencia
llegó demasiado tarde.
Imagino que mis palabras
deberán despertar risa y compasión,
pero no tengo más que a ellas.
Tú despiertas en mí
palabras de deseo, pasión y ternura,
porque todo eso encarnas
en tú aspecto de diosa de ébano.
Yo, qué puedo encarnar,
tal vez una uña.
Repito soy sólo un bufón,
o para ser más exactos,
un sapo bufón,
al que de vez en cuando
ha besado una princesa
para descubrir,
horrorizada,
que no se convierte en príncipe.
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