Esos seres cuerdos, sensatos y mesurados,
que son capaces de dejar fluir
sus sentimientos a cuentagotas,
que hacen inventario de que hechos
ameritan o no una sonrisa,
pues reír sin razón o por tonterías
es arrugarse prematuramente la cara.
Esos seres equilibrados,
que no hieren el silencio con estridentes carcajadas,
ni lloran compulsivamente,
sólo lo necesario para no parecer insensibles.
Esos seres no deben enamorarse,
pues el amor es locura y delirio.
Porque cuando se enamoran:
o se traicionan a si mismos,
riéndose a carcajadas
por motivos no inventariados,
llorando cual Magdalena,
sintiendo sin calcular los límites.
O se traicionan, o siguen siendo los mismos:
riendo con inventario,
llorando sólo lo necesario,
dejando fluir, a cuentagotas, los sentimientos.
Recortando el amor
para que coincida con el molde
de su equilibrio, de su cordura,
sin importarle que para hacerlo
haya que cortarle las alas.
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