martes, 31 de mayo de 2011

REENCARNACIÓN

Traspasó la frontera, el túnel de luz y abrió sus ojos a lo que había más allá de la muerte... era extraño: no vio ángeles, no vio demonios, no vio nada de aquello que esperaba ver.

El más allá era tan solo una serie de construcciones, todas iguales menos una. Las construcciones iguales eran escuelas, la diferente, la más grande era un edificio administrativo.

En aquellas escuelas la gente buscaba aprender quien era y cuando lo descubrían iban al edificio administrativo y llenaban una solicitud sobre lo que deseaban ser en su próxima reencarnación. Si su deseo y el tamaño de su alma eran acordes la solicitud era aprobada, si no lo eran se buscaba concederle a la persona ser lo más parecido posible a lo deseado.

Llegó el primer día de escuela y él se planteó la gran pregunta ¿Quién era ella?

Y pasaban los días y cada día él sabía más de ella y menos de él, sentía que aquel lugar, por la presencia de ella se había convertido en el paraíso que siempre había esperado y soñaba con permanecer por siempre allí, pero una mañana un amigo mutuo le contó que ella ya había decidido lo que quería ser en su próxima vida: un delfín.

Aquella noche no durmió, pensaba en que ella pronto partiría y que él no sabía como sobrevivir sin ella, pero ¿Qué podía hacer?, si al menos supiera que ser en su próxima vida, si reencarnara de forma tal que estuvieran juntos por siempre, para siempre...

Llenó la solicitud, en su próxima vida pidió ser un océano, luego se puso a pensar en lo maravilloso de esa existencia: ella viviendo en él, él acariciándola, recorriéndola, cada instante de su vida.

La solicitud fue analizada: el deseo y el tamaño del alma comparados y resultó ser demasiado pequeña por lo que solo pudieron concederle ser una ola.

Fue por esto que su vida -su nueva vida- fue acercarse a ella, casi llegar, casi tocarla y luego alejarse para retornar a la playa, esto una y otra vez, sintiéndola cerca e inalcanzable, lamiendo, con nostalgia, una y otra vez, la arena de la playa.

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