Todo el barrio hablaba de lo mismo, aquel viejo gitano no había estado mintiendo, ni bromeando cuando enseñó aquel extraño conjuro.
- Si siguen las instrucciones podrán compartir con otro un espacio onírico.
- ¿Y eso qué es? - preguntó alguien.
- Los espacios oníricos son los lugares donde se desarrollan los sueños, allí todo es posible si realmente se desea y se sabe soñar, pero hay que pensar muy bien con quien compartir un lugar como ese, pues allí el alma esta desnuda y pueden ser develados, ante otro, secretos y verdades de nuestro más íntimo ser; secretos y verdades que incluso uno mismo ignore -.
La gente escuchó y algunos rieron de las palabras del viejo pero luego comenzaron a preguntarse qué perdían con ensayar y días después se esparció el rumor de que el hechizo funcionaba y aquello se propagó como una epidemia, el deseo de probar, si era verdad o no lo del hechizo, provocó que no se diera mucha importancia a las palabras de advertencia del viejo gitano acerca de pensar muy bien antes de elegir un acompañante.
Así fue como amigos de toda la vida o parejas de enamorados se transformaron, merced a los secretos develados, en enemigos irreconciliables, y pasiones que habían permanecido ocultas rasgaron el velo del secreto y surgieron a la luz.
- ¿Quieres ser mi compañero de sueños?
- ¿Crees en eso?
- Dicen que funciona, que si dos personas tomadas de la mano repiten el conjuro podrán compartir una experiencia onírica -.
Él lo pensó un momento, la amaba como nunca había amado a nadie y ese amor silenciado era el fundamento de una amistad que había despertado envidia, admiración y sobre todo celos por parte de aquellos novios fugaces que ella había tenido y que habían durado mucho menos que aquella amistad.
- Esta bien - dijo él y los dos tomados de la mano repitieron a dúo las palabras mágicas...
Allí estaban, juntos en medio del vacío
- ¿Qué es esto? - preguntó él.
- Lo que tu quieras, lo que yo quiera, sólo hay que empezar a soñar.
Y ella se transformó en un torrente de agua que fluía a través de un gigantesco vaso de cristal.
- Lo que tu quieras, lo que yo quiera, sólo hay que empezar a soñar - se dijo él y entonces se convirtió en una montaña de azúcar para caer al interior del vaso que ella recorría; satisfaciendo así sus más grandes deseos: endulzar su vida y diluirse en ella.
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