martes, 31 de mayo de 2011

EFICIENCIA POLICIACA

Esta historia me la contó mi tía Isabel un día en que estábamos hablando sobre la astucia de los ladrones paisas.

Era un jueves en la noche y ella iba para su casa en Belén Altavista, el bus lo cogía en la Avenida Oriental cerca al palo de San Antonio, el lugar se encontraba relativamente solo cuando se le acercó una mujer:

- Señora no se asuste pero esos dos muchachos que están mirándola son unos atracadores

- ¿Y yo qué hago ? - preguntó mi tía desesperada.

- Vea señora porque no se quita los aretes, la cadena y el anillo y se los mete en la boca -.

A mi tía le gustó el consejo ya que pensó que era un lugar de difícil acceso para los ladrones y además no había peligro de que se le cayera algunas de las alhajas y se le perdiera.

- Auxilio - comenzó a gritar desesperada la señora luego de que mi tía había seguido su consejo y como salidas de la nada dos mujeres agarraron a mi tía y la inmovilizaron mientras gritaban:

- Auxilio, policía -.

Dos uniformados del comando cercano llegaron acompañados por una anciana de aspecto desvalido.

- Señores agentes vean, esa señora fue la que me atracó cerca de aquí pero gracias a Dios me encontré con mis hijas y ellas salieron a perseguirla mientras yo iba a buscar ayuda -.

Mi tía perpleja intentó defenderse así que se saco las joyas de la boca.

- Si ven señores agentes esas son las joyitas que me robo y se las escondió en la boca -dijo la anciana estallando en desgarradores sollozos que lograron conmover a todos incluyendo a mi propia tía aunque sabía que lo que la vieja estaba diciendo no era verdad.

- Señora venga conmigo - dijo uno de los policías convencido de la culpabilidad de mi tía - Y ustedes señoras acompañemen a poner la denuncia.

-Ay señor agente, por lo que más quiera, a mí me da mucho miedo, mire que mis hijas y yo trabajamos hasta muy tarde y a mi esposo lo mataron por eso, le puso un denunció a un ladrón y los cómplices me lo mataron; yo lo único que quiero es recuperar mis cositas y no ganarme enemigos.

- No se preocupe abuelita, vayase con sus hijas y nosotros nos llevamos a esta ladrona al comando y por ahí derecho verificamos que no tenga deudas pendientes con la justicia -.

Y así se hizo pese a los ruegos de mi tía que luego de verse obligada a entregar sus joyas observó cómo las ladronas se alejaban triunfantes mientras ella era conducida al comando de policía como una vulgar criminal.

Allí la fortuna de mi tía comenzó a cambiar, uno de los oficiales en servicio la conocía y dijo a la policía que debían estar equivocados, aquella mujer no era una ladrona, así que por fin la escucharon, mi tía contó como habían sido realmente las cosas y para disipar cualquier duda señaló un esclarecedor detalle: la marca que su ahora desaparecido anillo de matrimonio había dejado en su dedo anular derecho luego de quince años de matrimonio.

Los policías avergonzados pidieron disculpas y aunque sabían que era inútil salieron a buscar algún rastro de las mujeres pero por supuesto se habían esfumado por completo y es que como dice mi tía desde entonces:

- La policía siempre llega cuando ya no se necesita a menos que los que los necesiten sean los ladrones para que les ayuden a efectuar el robo.

Dado en Medellín el 8 de agosto del 2001.

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