Esta historia me la contó mi tía Isabel un día en que estábamos hablando sobre la astucia de los ladrones paisas.
Era un jueves en la noche y ella iba para su casa en Belén Altavista, el bus lo cogía en
- Señora no se asuste pero esos dos muchachos que están mirándola son unos atracadores
- ¿Y yo qué hago ? - preguntó mi tía desesperada.
- Vea señora porque no se quita los aretes, la cadena y el anillo y se los mete en la boca -.
A mi tía le gustó el consejo ya que pensó que era un lugar de difícil acceso para los ladrones y además no había peligro de que se le cayera algunas de las alhajas y se le perdiera.
- Auxilio - comenzó a gritar desesperada la señora luego de que mi tía había seguido su consejo y como salidas de la nada dos mujeres agarraron a mi tía y la inmovilizaron mientras gritaban:
- Auxilio, policía -.
Dos uniformados del comando cercano llegaron acompañados por una anciana de aspecto desvalido.
- Señores agentes vean, esa señora fue la que me atracó cerca de aquí pero gracias a Dios me encontré con mis hijas y ellas salieron a perseguirla mientras yo iba a buscar ayuda -.
Mi tía perpleja intentó defenderse así que se saco las joyas de la boca.
- Si ven señores agentes esas son las joyitas que me robo y se las escondió en la boca -dijo la anciana estallando en desgarradores sollozos que lograron conmover a todos incluyendo a mi propia tía aunque sabía que lo que la vieja estaba diciendo no era verdad.
- Señora venga conmigo - dijo uno de los policías convencido de la culpabilidad de mi tía - Y ustedes señoras acompañemen a poner la denuncia.
-Ay señor agente, por lo que más quiera, a mí me da mucho miedo, mire que mis hijas y yo trabajamos hasta muy tarde y a mi esposo lo mataron por eso, le puso un denunció a un ladrón y los cómplices me lo mataron; yo lo único que quiero es recuperar mis cositas y no ganarme enemigos.
- No se preocupe abuelita, vayase con sus hijas y nosotros nos llevamos a esta ladrona al comando y por ahí derecho verificamos que no tenga deudas pendientes con la justicia -.
Y así se hizo pese a los ruegos de mi tía que luego de verse obligada a entregar sus joyas observó cómo las ladronas se alejaban triunfantes mientras ella era conducida al comando de policía como una vulgar criminal.
Allí la fortuna de mi tía comenzó a cambiar, uno de los oficiales en servicio la conocía y dijo a la policía que debían estar equivocados, aquella mujer no era una ladrona, así que por fin la escucharon, mi tía contó como habían sido realmente las cosas y para disipar cualquier duda señaló un esclarecedor detalle: la marca que su ahora desaparecido anillo de matrimonio había dejado en su dedo anular derecho luego de quince años de matrimonio.
Los policías avergonzados pidieron disculpas y aunque sabían que era inútil salieron a buscar algún rastro de las mujeres pero por supuesto se habían esfumado por completo y es que como dice mi tía desde entonces:
- La policía siempre llega cuando ya no se necesita a menos que los que los necesiten sean los ladrones para que les ayuden a efectuar el robo.
Dado en Medellín el 8 de agosto del 2001.
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