Remberto Sepúlveda era el mejor peinillero de Mal Abrigo, una vereda que tenía fama de estar llena de guapos y en la que los pleitos casi siempre se solucionaban peinilla en mano.
Y no es que a Remberto le gustará luchar, al contrario de la mayoría de los guapos era un hombre de tendencia pacífica pero un día se fijo en la mujer equivocada y fue agredido por el Flaco Domínguez, un montañero bravucón del que decían había hecho pacto con el Putas pues la destreza de sus fintas y estocadas parecía algo sobrenatural.
Nadie dudo del resultado de la lucha y si los labios de la madre de Remberto musitaron una plegaria no fue pidiendo por la salvación terrena de su hijo sino rogando por la salvación eterna de su alma pero el miedo o la suerte hicieron posible lo imposible, aquel joven imberbe al que nunca se le había visto batirse con nadie logró dar muerte al Flaco Domínguez saliendo completamente ileso de aquella lucha.
Aquel fue el comienzo de su gloria o su desgracia ya que cada hombre de Mal Abrigo y alrededores que quería ser conocido como el guapo más guapo lo buscaba para enfrentarlo pues quién derrota un mito se convierte en uno.
Y lucha tras lucha la fama crecía, no solo por la pericia con que manejaba el arma sino además por el hecho de que en ninguna de ellas llegaron a herirle.
Mientras tanto Remberto Sepúlveda seguía siendo el mismo joven pacífico y humilde, recibía los insultos sin contestarlos y solo sacaba su arma cuando el contrincante desenvainaba primero.
Sólo había un hecho que manchaba el buen nombre de Remberto: murmuraban algunas personas que le tenía miedo a su propia sangre.
- Ve una sola gota y se desmaya.
- ¿Pero si es así porque no se ha desmayado en una pelea?
- Porque la sangre que ha corrido nunca era la suya pero en la escuela cuando era niño se le venía la sangre por la nariz debido al calor y no era sino verla para quedar inconsciente y lo mismo sucedió cuando se le cayó un diente y vio sangre brotar de su boca -. Insistían los detractores del joven pero nadie los tomaba en serio, era imposible que le pasara algo así a un hombre que se jugaba la vida con tal aplomo y el hecho de que nunca hubiera sido herido lo único que demostraba era su pericia.
Y una tarde llegó a Mal Abrigo “el Negro” , un profesional de la esgrima criolla, uno de esos guapos que buscaron serlo y que recorren el mundo entero si es necesario solo para demostrar que no hay un macho tan macho como ellos.
Nadie advirtió a Remberto de la llegada del hombre, no había porque hacerlo, Remberto no era un cobarde y si el negro lo buscaba lo encontraría y lo encontró.
Las hojas de acero brillaron en el aire mientras la gente observaba: la destreza que tanta fama había dado al negro no le sirvió para nada, Remberto esquivó con facilidad el ataque del guapo del Salto y de un solo golpe le cercenó la mano izquierda luego le desgajó el brazo a la altura del hombro y por ultimo un peinillazo a la altura del cuello le cortó la yugular pero antes de morir el negro pringó a Remberto en el brazo izquierdo. El guapo de Mal Abrigo observó con asombro y luego con terror como manaba la sangre de su brazo luego cayo al suelo para no levantarse nunca más.
La autopsia mostró que la herida había sido pequeña y que no afectó venas ni arterias;
- ¡Una cortadita de mierda! - Resumió el doctor. - El golpe al caer al suelo tampoco tuvo importancia pues para entonces Remberto ya estaba muerto -.
La conclusión del forense fue contundente: a Remberto Sepúlveda lo mató el miedo.
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