martes, 31 de mayo de 2011

CABAÑA, BOTE Y NOSTALGIA DE ALAS

Cuando era joven, casi un niño, aquel hombre encontró un trozo de madera con forma de ala, y al verlo sintió que aquello era una parte suya que había perdido en un pasado que no recordaba y ahora recuperaba de forma misteriosa.

Así que se colocó el ala de madera, la cual se fusionó con su cuerpo, tomó impulso y se lanzó al vacío... el golpe fue tan duro que casi hizo añicos la esperanza - y unos cuantos huesos -. Allí en el suelo el hombre dejó enfriar su entusiasmo y consultó su razón.

¡Claro! Cómo diablos iba a elevarse si sólo tenía un ala y para volar se necesitan dos.

Entonces el hombre comenzó a alimentar una nueva esperanza, no la de hallar otra ala de madera - pues en su cuerpo no había espacio para la fusión con otra ala - sino la de hallar una mujer que hubiera encontrado un trozo de madera con forma de ala; una mujer, que al igual que él, hubiera sentido que aquel trozo de madera era una parte de ella misma que había perdido y ahora recuperaba. Una mujer a la cual darle la mano, saltar al vacío y volar juntos como un sólo ser formado por la fusión de dos cuerpos y la unión de dos alas.

Y el hombre convirtió aquella esperanza en una razón para vivir.

Comenzó el tiempo de la espera, escrutar cada rostro, no dormir en lo posible por temor a que aquella que aguardaba pasará de largo.

Y a veces, de tanto buscar, hallaba a una mujer, y esta mujer llevaba un trozo de madera fusionado a su cuerpo, y a veces este trozo de madera tenía forma de ala, así que él estrenaba una sonrisa pero al acercarse descubría alguna diferencia: la textura de la madera, la forma del ala o el tamaño, y la sonrisa agonizaba en su rostro.

Comenzaba entonces el tiempo de la desesperanza: agarrar el trozo de madera y apartarlo del cuerpo luego hacerlo trizas y tomar aquellos fragmentos para hacer realidad un sueño menos utópico.

Para construir un par de alas más pequeñas que lo único que hicieron volar fue el deseo.

Para construir un cofre del tesoro donde guardar sueños e ilusiones.

Para construir un bote con el cual navegar por ese cielo líquido que es el océano.

Pero era inútil, nada era tan hermoso como el sueño de volar y aunque lograba sentir pequeños momentos de felicidad, la nostalgia de alas terminaba pariendo a la tristeza.

Un día, uno de espera, su mirada se topo sobre el cuerpo de una mujer que llevaba un trozo de madera con forma de ala fusionado a su cuerpo y en sus labios se hizo la sonrisa y la sonrosa no agonizó cuando ella se acercó pues el color, la textura, la forma del ala, el tamaño eran los indicados pero algo dentro de él le decía que faltaba algo y no supo que hacer con aquella duda así que la sonrisa perdió luminosidad y el valor se evaporó casi por completo, así que no le dijo que se lanzaran al vacío, sólo que se dieran la mano y corrieran juntos por la playa.

Corrieron hasta cansarse y nada lograron, siguieron amarrados al suelo mas como se habían dado la mano se pusieron a conversar y ella le contó que su sueño, desde que encontró el trozo de madera era hallar ha alguien con un trozo de madera igual para utilizar las dos y construir con ellas una cabaña, e incluso le mostró los planos y él pensó que la idea era hermosa: un lugar donde refugiarse y compartir. Pensó que tal vez era lo mejor que se podía hacer, que volar era sólo una utopía, que nunca hallaría algo mejor que lo que ella le ofrecía y dijo que sí.

La cabaña se construyó, la mujer se sintió feliz y él se sintió casi feliz, una casi felicidad tan grande que a veces se le olvidaba que no era una felicidad completa.

Pasó el tiempo y un día se encontraba en la playa mirando al cielo cuando sintió algo inexplicable, como una presencia invisible y a la vez muy poderosa, así que buscó con la mirada y vio a una joven navegando en un bote pequeño mientras miraba el cielo, y de repente ella volteó a mirarlo y aquel choque de miradas hizo estremecer los cuerpos y las almas como un huracán hace estremecer las ramas de un árbol y ambos sintieron - aunque aquel sentir no se hizo pensamiento - que hallar al otro era como encontrar un trozo de si mismo perdido en un pasado desconocido, así que se aproximaron, ella dejó su bote encallado en la playa y buscaron refugio junto a una palmeras para poder conversar.

Un inventario de biografías y nostalgias y al final ella le comentó como si no tuviera importancia que cuando era joven, casi una niña, encontró un trozo de madera con forma de ala, y al verlo sintió que aquello era una parte suya que había perdido en un pasado que no recordaba y ahora recuperaba de forma misteriosa, que había intentado volar pero descubrió que le faltaba un ala y que desde hacía mucho tiempo buscaba a otro ser con quien fusionar cuerpos y unir alas para poder volar, por eso había construido un bote con la madera y recorría el mundo tratando de hallarlo.

Cuando ella terminó de hablar él pensó en contarle su historia pero al mirarla a los ojos se dio cuenta que ella la sabía casi por completo, así que intentó hablarle de la cabaña pero ella le silenció con un beso e hicieron al amor como si volaran.

Al otro día, cuando ella se levantó llena de alegría y le preguntó por el trozo de madera, él le habló de la mujer y de la cabaña y ambos supieron que el sueño había muerto, que así destruyeran la cabaña para recuperar la madera el peso de la culpa no les permitiría remontar el vuelo.

Así que ella se marcho y sólo volvieron a encontrarse en sueños: allí eran un sólo cuerpo con dos alas, pero al despertar ella sólo encontraba un bote, él una cabaña y anidando en el corazón de ambos: la nostalgia de alas.

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