La última vez me dijiste
que te gustaron mis poemas,
pero me preguntó
si te gusta la verdad de mis palabras,
no por poéticas, menos reales ni atrevidas.
Me preguntó que pensarías
si te confieso que ha menudo
me he descubierto a mí mismo
recorriendo tu cuerpo con mi mirada,
de una forma apasionada y atrevida
que no puedo ni quiero evitar.
Veo tu foto y no puedo evitarlo.
En mi mente recorro
con mi boca apasionada
hasta el último rincón de tu piel,
convierto a mi lengua
en el explorador de tu cuerpo,
para mí, territorio virgen,
y le ordenó explorar:
el relieve montañoso de tus senos,
el paisaje marino de tu sexo,
el reflejo cristalino de tus ojos,
y la cueva húmeda de tu boca,
protegida por esos labios,
carnosos y suculentos,
que en estos momentos
beso en mi mente.
No quiero mentir,
no me gusta mentir.
Es sólo una foto,
pero es suficiente para querer
hacerte el amor durante horas,
llevarte al estertor del orgasmo,
una y otra vez,
hasta que tu voz enronquezca
de tanto gritar de placer.
Se que mi deseo puede molestarte,
y no quiero molestarte,
pero tampoco quiero oponerme a él,
igual no sería capaz.
¿Cómo detener algo
tan grande, tan hermoso,
tan apasionado, tan fuerte.
¿Cómo detener todo esto
que, con tan sólo una foto,
haces sentir en mí?
No lo sé,
además no quiero saberlo,
lo único que me importa
es que pienso que nadie
podría hacerte el amor
con más pasión que la que yo
depositaría en tu piel
si me lo permitieras.
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