Llevo tres días buscando libros inútilmente,
tratando de encontrar unos cuentos de hadas
aptos para contar a l@s niñ@s colombian@s.
No entienden que en caperucita
el peligro del bosque sea el lobo,
y no los militares, paramilitares,
delincuencia común y guerrilleros.
No les asombra
que en Juan sin miedo
el espanto juegue a los bolos
con su propia cabeza,
pues en las noticias han visto
como juegan fútbol,
los guerrilleros,
con las cabezas de los policías.
Ni l@s más pequeñ@s creen
que Jack y su mata de frijoles
pudiera subir más arriba
que los aviones de los gringos
que arrojan muerte desde el cielo
y la llaman glifosfato
y mucho menos que quede oro en el cielo
pues los cohetes estaudinenses
ya han llegado hasta otros planetas.
En Hansel y Gretel
ven en aquell@s niñ@s abandonados
no un cuento encantado
sino parte de su propia biografía
y en la vieja bruja
que se los quiere comer
una pobre metáfora
acerca de las personas honorables
que les regalan comida
a cambio de relaciones sexuales.
Llevo tres días buscando inútilmente,
estrellándome como si fuera un niño
contra una realidad
tan asombrosa y tan triste
que no he podido hallar ni un solo cuento
que sea capaz de asombrarla,
que sea capaz de alegrarla,
y al final, lo único que encuentro
son mis lágrimas.
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