martes, 31 de mayo de 2011

EN UN RINCÓN DEL SILENCIO

Él era un poeta, uno de esos seres que hacen alquimia con las palabras.

Ella era simplemente una mujer que deseaba encontrar un poeta, para amarlo, para ser amada, ansiosa de vivir una mezcla de metáforas y de caricias.

Él deseaba hallarla, ella deseaba ser hallada, sumar sus soledades de forma que se anularan y era tanto su deseo que dieron forma al destino, confluyeron por fin en un mismo espacio, en un mismo tiempo, frente a frente comenzaron a saborear la sensación de un sueño hecho realidad.

Pero las palabras sintieron celos, celos de que el poeta amará a alguien más que a ellas mismas, así que se le ocultaron en un rincón del silencio, en vano las llamó para él verso, no quisieron habitar la caricia llamada poema, y mientras tanto el reloj continuaba con su tic tac incensante y los segundos - insignificantes, diminutos - se fueron acumulando hasta hacerse significantes, hasta llegar a romper lo irrompible: la esperanza.

Ella quería un poeta, él no pudo serlo para ella pese a que no había sido otra cosa durante toda su vida, por eso se marcho y él no pudo detenerla, la amaba pero no pudo decírselo, las palabras, ocultas en un rincón del silencio, se negaron a ser atrapadas.

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