El amor es una planta
capaz de florecer
aún en el desierto.
Pero sólo quien conoce bien su naturaleza
reconoce el amor en aquella planta.
Amoris deserticus
es su nombre científico.
Es capaz de crear el agua para sobrevivir:
un agua salada
con la misma composición
Da una flor extraña:
es dura por fuera y llena de espinas,
pero por dentro guarda un fruto carnoso,
dulce y nutritivo, apto para alimentar sueños
que jamás se han de realizar.
Las espinas, según los botánicos,
no están ahí para proteger el fruto
sino para salvar la esperanza,
así la planta puede soñar
que si alguien no llega a comer el fruto
no es porque no haya ese alguien
sino porque las espinas lo evitan.
Cuando la flor cree que se avecina la primavera
de una caricia o un beso,
sus espinas caen: una a una,
y por un tiempo el fruto está al alcance
de aquel para quien fructificó.
Luego, si el desierto:
ausencia de besos y caricias,
sigue siéndolo,
vuelven a crecer las espinas.
Así puede sobrevivir muchos años,
muchas desilusiones,
a muchas falsas primaveras.
Pero cada vez duele más
y es más difícil el inútil desarme
y un día la planta
siente morir la esperanza,
entonces se clava sus propias espinas
y su grito de agonía
termina siendo devorado por el silencio,
sin que nadie lo escuche:
LA GAVIOTA para quien fructificó
siempre vivirá en la mar.
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