lunes, 30 de mayo de 2011

POR CULPA DE UN POEMA

Nunca te he tenido frente a frente,

he escuchado tu voz

solo dos minutos por un celular,

he visto tu rostro en Internet

en la misma página

donde averigüe lo poco que se de tu vida.

Pero mi corazón late desbocado,

mi piel se estremece,

mi pene está erecto.

Has logrado excitarme,

no sólo de pasión

sino también de ternura;

cómo no lo ha logrado

ninguna mujer

así su boca mariposa

se pose sobre la flor de mi falo

en busca de la blanca miel.

Si estuvieras a mi lado

te besaría sin pedir permiso:

un beso largo y prolongado

como si después de ese beso

me aguardará la muerte,

y el tiempo que dure,

esa dulce caricia de tus labios y los míos,

sea la única eternidad

en que habité de verdad el paraíso.

Si estuvieras a mi lado,

pondría tu tibia mano

sobré mi pené palpitante

para que comprendas

el efecto de tus palabras

en mi cuerpo;

la depositaría con la esperanza

de que se posará allí, cual mariposa,

y entonces la ropa nos estorbará,

y el desnudar poema de nuestras almas

sea un preludio

de ese vestir tu cuerpo y mi cuerpo,

no con burdas telas,

sino con tu caricia y mis caricias.

Claro que lo más probable

es que si hago eso

tú mano no sea mariposa

sino mensajera

entregando cachetadas a domicilio.

Pero no es culpa mía esta locura,

es culpa de tus palabras.

Pues tú no sólo has sigilado mi aliento,

lo has convertido en eterno suspiro,

en eco incesante

que repite tu nombre

Mi mujer poetiza,

no te conozco y no puedo decir que te amo,

pues sería locura, absurdo e insensatez,

pero puedo decirte que tus palabras

han despertado más en mí

que las caricias de mujeres

a las que he amado locamente.

No eres mi elixir

para vivificar la soledad,

eres el veneno que la ayuda

a transitar más rápido por mi piel,

pues antes era una soledad abstracta,

pero hoy tiene tú nombre,

Alba mi mujer poetiza,

y eso la hace una soledad…

gigantesca,

dulcemente cruel,

terriblemente hermosa,

mezcla de alegría y dolor, plenitud y vacío.

Quince días me dijiste hace poco

han de pasar antes de realizarse

el sueño de verte.

Tú que eres una enamorada de las palabras

deberías llamar las cosas por su nombre:

No son quince días…

son quince esperas,

quince agonizares,

quince infiernos,

quince desiertos,

una espera fugazmente eterna

en medio de la cual, tus palabras,

como si fueran mezcla de agua y sal

refrescarán un momento mis heridas

para luego hacerlas más ardientes,

más profundas.

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