martes, 31 de mayo de 2011

VIOLENCIA DOMÉSTICA

VIOLENCIA DOMÉSTICA

Cuando tenía cinco años vivía en compañía de mi madre y mi hermano en el barrio Florencia en un segundo piso, en el piso de abajo vivía una pareja sin hijos y todos los fines de semana el señor llegaba borracho y golpeaba a su mujer.

Ya llevábamos cuatro meses viviendo allí, escuchando cada fin de semana los gritos y los insultos observando luego los moretones y la vergüenza en el rostro de aquella mujer; mi mamá ya estaba harta y decidió hacer algo, así que el viernes por la tarde invitó a la señora a subir a nuestra casa así cuando su esposo llegara no encontraría a nadie.

- No Doña Mirian, eso sería pa’ problemas, uste sabe como es mi esposo cuando llega borracho.

- No se preocupe vecina, yo me encargo de controlarlo -.

Había tanta seguridad en las palabras de mi madre que la señora aceptó y mientras subía a la casa mi madre fue donde Leticia, su mejor amiga y le pidió prestado un machete para desyerbar el antejardín.

Llegó la noche y como todos los viernes llegó el borracho buscando a su mujer pero por primera vez la víctima no estaba aguardando pacientemente a que llegara su verdugo; el hombre gritaba enfurecido y algunos vecinos se le acercaron para saber que ocurría.

- No es que yo sea chismosa pero yo vi entrar a su señora en la casa de Doña Mirian. - Informó una vecina muy amable.

- Con que esas tenemos - bramó el hombre y furioso subió las escalas y comenzó a golpear la puerta, mi madre se asomó por la mirilla y le preguntó qué necesitaba.

- Dígale a mi mujer que salga.

- Lo siento pero no.

- Vea señora si no sale voy a entrar por ella y la voy a sacar.

- Si, ¿Uste y cuantos más?

- Vea señora no se busque problemas y ábrame -.

Mi madre sonrió y abrió la puerta ante la mirada y sonrisa sarcástica del borracho pero la sonrisa desapareció de su rostro cuando mi madre sacó el machete y lo agarró a plan, el hombre asustado comenzó a protegerse de los golpes lo mejor que podía pero el miedo lo llevaba a no alejarse de la puerta y en esos momentos se escuchó un grito...

- A mi marido no me le pegue vieja hijueputa - y con una agilidad que le hubiera envidiado un maestro de arte marciales la mujer arrebató el machete a mi madre y abrazando a su apaleado esposo bajó con él las escalas mientras le decía:

- Venga negro le hago una curación que esa loca casi me lo mata -.

Y mientras se alejaban mi madre lloraba de rabia sin saber quien era más estúpida: ella o aquella mujer.

Ese fin de semana no hubo espectáculo pero al otro viernes escuchamos de nuevo como el hombre llegaba ebrio y comenzaba a golpear a su esposa, mi madre se levantó como una fiera, se dirigió a la ventana que daba al patio del primer piso y comenzó a gritar a todo pulmón:

- Eso, dale a esa idiota, mátala por estúpida, quién la manda a ser tan boba -.

Y entonces sucedió lo inimaginable, los golpes cesaron y se escucho la voz alicorada del hombre:

- Sabe que perra yo no le voy a pegar a mi mujer para darle gusto a nadie -.

Y a partir de aquel día y al menos durante el tiempo que vivimos en aquel lugar el hombre no volvió a golpear a su mujer.

Dado en Medellín el 9 de agosto del 2001.

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