A una función de gala
del mago Desamor Mesura
me invitaron para que fuera un día
acompañado de mis esperanzas,
mis sueños y mis locuras.
Durante el primer número
utilizó mi corazón como sombrero,
sacó de él mis secretos
que exhibió ante el respetado público
y entonces no hizo falta
más que un pase de mago aficionado
para que mis secretos
dejaran de serlo.
En su segundo número
corto en dos mi alegría,
pero se olvido de unirla.
En el tercer acto
metió en una caja mis sueños
y los transformó en pesadillas
las cuales, generosamente,
hizo desaparecer envueltas en su pañuelo,
lo cual medio agradezco
porque los sueños no me los devolvió.
A una función de gala
del mago Desamor Mesura
llegue con mis esperanzas,
mis sueños y mis locuras.
Pero salí sin nada de aquello
gracias a sus trucos mágicos;
con la frente baja y la tristeza alta,
con el corazón vacío y la amargura llena.
No se rió a carcajadas,
su segundo nombre no lo permitía,
sólo se permitió una sonrisa,
por supuesto: mesurada.
Pero cuando ya no le veía
estalle a carcajadas:
levanté la frente,
quite altura a la tristeza,
llené el corazón,
endulce un poco la amargura
y como buen prestidigitador,
cuando uno se vive enamorando)
De debajo de la manga izquierda
saqué una sonrisa.
De debajo de la manga derecha
saqué una esperanza
y seguí tranquilo mi camino
gracias a los ases bajo la manga.
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