Enamorarse de una gallina testaruda
puede no ser una buena idea,
gallinustestarudusmedicusalgusdrogadictus
sería su nombre científico.
Pero a mi corazón no le importa
si es o no una buena idea,
lo único que le importa
es el torrente de endorfinas
transportando por el torrente sanguíneo
su mensaje de euforia,
su mensaje de miedo.
Euforia por encontrar
un nuevo espécimen zoológico:
una gallina testaruda.
Miedo por sentirse enamorado
como un culicagado ingenuo e idiota.
Descubrir que tantos estrellones,
lágrimas, heridas, cicatrices,
parece que no enseñaron nada,
pues aquí estoy tirándome al abismo
siendo esta relación aún gusano indefinido
y por ende ignorante de si es oruga.
Es decir tirándome al abismo
sin alas y sin paracaídas.
Me siento feo cuando veo tu belleza
y entonces quiero llorar
porque una gallina testaruda
creo no se fijaría nunca
en un sapusbarriguspoetushorriblus
y es que cuando un zóologo
ve una gallina testaruda... suspira,
cuando ve a un sapus horriblus... vomita.
Tengo miedo porque creo que mereces
al más espectacular de los hombres
y yo no lo soy, pero te amo
en el sentido amplio y bello de la palabra,
en el sentido estúpido y estrecho,
en todos los sentidos,
en todas las direcciones.
Pero aunque no te merezca,
mi doc, mi Ana María, mi gallinita testaruda,
aquí voy a estar: hoy y siempre
así nunca seamos pareja,
voy a estar para cuidarte, para protegerte,
para acompañarte, para amarte
en el sentido amplio y bello de la palabra.
Para ayudarte a realizar tus sueños
no importa si los mismos
te alejan de mis brazos,
Lo único que importa
es saberte feliz al final del viaje,
porque aunque una gallina testaruda
sea incapaz de entender este concepto
(pensé que para ser médico
se necesitaba una mayor capacidad neuronal)
el verdadero amor no encadena
aunque la decisión de amar a otro,
como toda decisión, implique límites.
No hay comentarios:
Publicar un comentario