martes, 31 de mayo de 2011

VENCIDO EN FRANCA LID

Cansado de la derrota cotidiana Romántico Soñador decidió que nunca más sería vencido.

No fue fácil pero logró hallar el escondite del mago Merlín y convencer al viejo druida para que le enseñara las palabras mágicas con las cuales invocar a la dama del lago y así poder convertirse en el dueño de Excalibur, la espada sagrada que hiciera famoso al rey Arturo.

Ya dueño de Excalibur viajó hasta Escandinavia y luchó contra Fafnir, el dragón que combatiera Segismundo.

Fue una batalla feroz: el fuego brotando de las fauces del dragón contra el fuego que animaba el corazón del joven guerrero; alzar la espada mágica pese al dolor de las quemaduras con el convencimiento de que sólo existían dos opciones para curar sus heridas: bañarse en la sangre del dragón o sumergirse en el dulce sopor de la muerte.

Y finalmente la muerte llegó, la sangre brotó como un manantial y el cuerpo Romántico Soñador se desplomó sumergiéndose en ella.

Al despertar sintió su cuerpo diferente y se supo invulnerable pero, conocedor de la leyenda de los Nibelungos, observó con cuidado que la sangre del dragón en verdad hubiera recorrido todo su cuerpo y así no tener como Segismundo un punto vulnerable, un talón de Aquiles.

Pero aún no se sentía seguro, así que se dirigió a Grecia y pidió a la diosa Atenea que le prestará su escudo mágico, “la Hégira”, aquel que forjó mismo Vulcano, dios del fuego; aquel en el que se encuentra fundido junto al metal la cabeza de Medusa, la Gorgona, razón por la cual quién lo posee puede transmutar a su enemigo en piedra.

La diosa Atenea sonrió al escuchar el deseo de Romántico Soñador y para acceder al mismo lo sometió a miles de pruebas: desde resolver los más difíciles enigmas hasta derrotar a los más horribles monstruos.

Su gesta sobrepasó a la de Ulises, Hércules y todos los demás héroes, dioses y semidioses de todas las mitologías existentes. Hasta que se agotó la imaginación de la diosa y está le entregó el escudo pues no encontró retos mayores para proponer al joven guerrero.

Ahora que era dueño de Excalibur, - la más poderosa de las espadas -.

Ahora que su brazo poseía el más poderoso escudo.

Ahora que su cuerpo era invulnerable.

¿Qué o quién podría derrotarlo?

Miles de veces se hizo esta pregunta y la respuesta era: ¡Nada ni nadie!

Pero todo fue inútil, ella lo desarmó con una mirada y él, Romántico Soñador, no fue capaz de decirle que la amaba.

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