Cansado de la derrota cotidiana Romántico Soñador decidió que nunca más sería vencido.
No fue fácil pero logró hallar el escondite del mago Merlín y convencer al viejo druida para que le enseñara las palabras mágicas con las cuales invocar a la dama del lago y así poder convertirse en el dueño de Excalibur, la espada sagrada que hiciera famoso al rey Arturo.
Ya dueño de Excalibur viajó hasta Escandinavia y luchó contra Fafnir, el dragón que combatiera Segismundo.
Fue una batalla feroz: el fuego brotando de las fauces del dragón contra el fuego que animaba el corazón del joven guerrero; alzar la espada mágica pese al dolor de las quemaduras con el convencimiento de que sólo existían dos opciones para curar sus heridas: bañarse en la sangre del dragón o sumergirse en el dulce sopor de la muerte.
Y finalmente la muerte llegó, la sangre brotó como un manantial y el cuerpo Romántico Soñador se desplomó sumergiéndose en ella.
Al despertar sintió su cuerpo diferente y se supo invulnerable pero, conocedor de la leyenda de los Nibelungos, observó con cuidado que la sangre del dragón en verdad hubiera recorrido todo su cuerpo y así no tener como Segismundo un punto vulnerable, un talón de Aquiles.
Pero aún no se sentía seguro, así que se dirigió a Grecia y pidió a la diosa Atenea que le prestará su escudo mágico, “
La diosa Atenea sonrió al escuchar el deseo de Romántico Soñador y para acceder al mismo lo sometió a miles de pruebas: desde resolver los más difíciles enigmas hasta derrotar a los más horribles monstruos.
Su gesta sobrepasó a la de Ulises, Hércules y todos los demás héroes, dioses y semidioses de todas las mitologías existentes. Hasta que se agotó la imaginación de la diosa y está le entregó el escudo pues no encontró retos mayores para proponer al joven guerrero.
Ahora que era dueño de Excalibur, - la más poderosa de las espadas -.
Ahora que su brazo poseía el más poderoso escudo.
Ahora que su cuerpo era invulnerable.
¿Qué o quién podría derrotarlo?
Miles de veces se hizo esta pregunta y la respuesta era: ¡Nada ni nadie!
Pero todo fue inútil, ella lo desarmó con una mirada y él, Romántico Soñador, no fue capaz de decirle que la amaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario