Era el chisme de moda, la princesa sosteniendo romances con un campesino y como siempre, o como casi siempre, su padre, el rey, fue el último en enterarse, pero se enteró; furioso ordenó que la princesa fuera llevada a su presencia y le preguntó acerca de los rumores.
- Es mi vida y no tengo que dar a nadie explicaciones acerca de ella - respondió la joven.
- ¡Tu vida! Se te olvida acaso que eres princesa y que tu proceder no sólo te compromete a ti sino también a nuestra familia. Pues has de saber, hija mía, que ahora mismo enviaré soldados a la casa de ese campesino y para mañana su cabeza estará sobre una estaca -.
En los ojos de la princesa se dibujó por un momento la angustia para luego ser suplantada por una mirada colérica.
- ¡Así piensas defender el honor de nuestra familia! Procediendo como si fuera verdad la mentira de alguna vieja chismosa que no encontró otro entretenimiento y por eso puso en duda mi honor. No padre, erróneamente piensas que te dije de no inmiscuirte en mi vida privada porque el rumor es verdadero, y no lo es. Me indigna que me creas capaz de fijar mis ojos en un campesino cuando puedo elegir como amado al príncipe o rey de una nación poderosa.
- Me alegró de escucharte hija mía, pero tu honor ha sido puesto en duda y algo hay que hacer -.
La princesa estuvo de acuerdo y por sugerencia de ella misma el rey preparó un fastuoso banquete y alegando la falta de criados ordenó al campesino que acudiera al palacio para que ayudará a atender las mesas, y cuando se acercó, llevando una bandeja con exquisitos platillos, a la mesa donde departía la princesa con otros comensales esta le detuvo con un grito:
- Aléjate de aquí estúpido, no quiero tenerte cerca de mí. No se si tú tengas algo que ver, pero existe el rumor que hay un romance entre nosotros, así que desaparece de mi vista -.
Como si sólo esperaran aquella palabras para actuar, dos soldados agarraron al campesino y lo sacaron a rastras del palacio.
- No soportaré esta humillación - gritó - Convocaré al más poderoso de los dragones para que vengue mi afrenta -.
La amenaza fue recibida con carcajadas, un pobre campesino invocar un dragón; y las risas duraron varios días, sólo se acabaron cuando el dragón llegó a palacio y raptó a la princesa.
La conmoción se apoderó del reino, los más grandes guerreros fueron convocados y uno a uno penetraron a la cueva donde el dragón tenía prisionera a la princesa.
Cinco segundos, tan sólo cinco segundos transcurrieron antes de que el más grande de los guerreros del reino saliera corriendo despavorido, y los otros guerreros duraron aún menos en emprender la huida.
Así que el rey puso un letrero anunciando que se buscaba a un guerrero sin miedo a la muerte capaz de derrotar al dragón, recompensa: la mano de la princesa y la mitad del reino.
Muchos guerreros acudieron al llamado, tantos que para reducir su número, por orden del rey se construyó una guillotina en la plaza del pueblo; luego el hechicero real dijo que para combatir el dragón había que dejarse decapitar pues el fiero animal sólo podía ser combatido por un espíritu y que una vez el dragón fuera vencido el hechicero, con ayuda de su magia, devolvería la vida al valeroso guerrero.
El número de guerreros disminuyó notablemente pero aún eran demasiados, así que uno a uno fueron llevados a la guillotina y tras gruesos cortinajes fueron supuestamente ejecutados y sólo a los guerreros que no mostraron miedo se les permitió penetrar en la cueva del dragón.
Todo fue inútil, él más valiente de todos, él que no dejó de sonreír pese a ver la cuchilla sobre su cabeza solamente tardó quince segundo en salir corriendo.
El rey desconsolado hizo detener al guerrero y preguntó que le había ocurrido.
- Mi señor, yo llegué dispuesto a enfrentarme con la muerte pero lo que surgió de la boca del dragón fue un reto de la vida y me di cuenta que no tenía el valor suficiente para vivir con plenitud, que tras el supuesto valor de mi condición de guerrero se oculta el miedo: miedo a amar, a entregarme, a confiar en alguien que no fuera yo, a confiar en algo que no fuera mi espada. En fin, que si busco la muerte no es por valor sino por temor a la vida -.
El rey colocó entonces un nuevo letrero anunciando que se buscaba un guerrero sin miedo a la vida capaz de derrotar al dragón, recompensa: la mano de la princesa y la mitad del reino.
Nunca acudió un guerrero a este nuevo llamado, y el rey se quedó esperando y seguirá esperando, ya que los únicos seres sin miedo a la vida que hay en el reino son: una princesa enamorada y un campesino disfrazado de dragón.
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