martes, 31 de mayo de 2011

UNA VIDA PARA AMAR

En aquel reino la brujería era cruelmente perseguida, podía esperar piedad el asesino - aún los más crueles como el parricida y el infanticida -, el asaltante, la prostituta pero jamás el hechicero, la sola sospecha de serlo era suficiente para ser invitado a bailar con la soga en el cuello. La reina en persona dirigía aquella lucha, por eso su nombre era temido por científicos, astrónomos, alquimistas, curanderos y todos aquellos cuya profesión podría ocasionar se les acusara de practicar algún tipo de magia.

Y mientras el reino se estremecía por la persecución, dentro de los muros del palacio la hechicería florecía, su exponente: ¡La reina misma!. Deseaba que sólo ella y algunos allegados poseyeran los secretos de la magia y era esa, no la defensa de la religión cristiana, la verdadera causa de la crueldad para con los hechiceros.

Y esta política unida a su falta de escrúpulos y a la casi total ausencia de amor por alguien que no fuera ella misma le permitía ejercer una férrea tiranía, y digo casi porque la reina adoraba con fervor a su único hijo, tal vez por que sentía que había surgido de ella misma y al amarlo se amaba.

La vida tiene alma de bufón, por eso el hijo de la reina era tan diferente a ella como el día a la noche: mientras su madre buscaba aumentar su poderío, él gustaba de los bosques y los lugares solitarios y todo el mundo lo conocía por su sencillez y bondad, razón por la que se enamoró de la joven más noble, bondadosa, sencilla y... pobre de todo el reino.

Cuando la reina lo supo sintió desfallecer: ¡Su hijo con una maldita plebeya!, ¡Nunca lo permitiría!

Desempolvó viejos libros, hizo inventario de los más crueles hechizos, imaginó las más terribles venganzas...

Pensó en convertir a la joven en un ser horrible o en algún animal, pero conocía a su hijo, él reconocería a la joven que amaba sin importar en que la transformara y se quedaría a su lado fuera ella lo que fuera.

Consideró quitarle la vida, más no lo hizo pues pensaba que su hijo moriría de dolor y antes de morir buscaría al culpable por cielo y tierra para cobrar venganza y llegado el momento el dolor de saber a su amada muerta podría hacerle olvidar de quién era hijo.

Intentó borrar el amor que sentían el uno por el otro pero descubrió lo débil de su magia.

Finalmente se le ocurrió la idea perfecta, se apareció ante los amantes, con el rostro y aspecto de un anciano que hacía poco habían llevado a una de las mazmorras, y les dijo:

“- Les condeno a que cada segundo que pase el uno al lado del otro lo tenga que pagar con su propia vida -.”

Luego se quedó en silencio, observándolos, mientras pensaba:

- Ahora tendrán que separarse pues estar junto al otro será dañarlo, sabrán que el otro vive y eso les permitirá vivir, ilusoriamente buscaran el contrahechizo que no existe y mientras buscan una solución la distancia borrará lo que no pudo borrar mi magia, mientras tanto aprovecharé para ganarme el apreció de mi hijo, sacrificaré en su presencia al hombre que él piensa culpable y le ofreceré una ayuda que él no sabrá es inútil y falsa.

Entonces ellos la miraron con lástima, luego se acercaron lentamente el uno al otro y se gastaron la vida entera en darse un beso, y el corazón de la bruja estalló en pedazos.

UN TROZO DE GÉNESIS

Abrió sus sentidos al universo y se estremeció ante el contacto de la existencia.

No era más que un pedazo de génesis que en un descuido se escapó de las manos de Dios sin que este le imprimiera forma alguna, por eso podía serlo todo, por eso no era nada.

Y de repente centró su atención en el viento, se hizo su amigo, juguetearon como dos niños celestes...

-¿Qué quieres que sea? - preguntó el ser amorfo al viento que amaba y este le contestó que la soñaba nube.

Fue nube, recorrió el cielo impulsado por su amigo el viento y se hizo amiga de otra nube y sintió que la amaba.

-¿Qué deseas que sea? - Y la nube la deseó agua.

Fue agua, desde la nube emprendió el vuelo pues para las gotas de lluvia la tierra es el cielo, sienten que ascienden mientras nosotros decimos que caen; y mientras descendía - o ascendía - la gota de agua se enamoró de sus compañeras de voz cristalina, cuerpo esférico y transparente; olvidó de nuevo su antiguo amor y como sólo conocía una forma de amar hizo la pregunta:

- ¿Qué anhelas que sea? - y el agua la anhelo caudal.

Fue caudal, se convirtió en el camino que permitió a las gotas ser río y entonces se hizo la pregunta:

- ¿Quién soy, que seré cuando nadie me quiera nada y pueda ser yo mismo?

LA TONADA DEL MENDIGO

Cuando el joven después de hablar con el conductor del bus pasó por encima de la registradora y dijo:

- Señoras y señores perdonen si les quito un poquito de su preciado tiempo...

El hombre de la tercera banca del lado derecho pensó que era un mendigo

- ... pero en primer lugar yo no vengo a pedir limosnas...

En el rostro de la mujer de la segunda banca izquierda que iba con un niño apareció un gesto de fastidio pues imaginó que sería un vendedor - ya que cuando no piden limosna venden cosas - y seguro el niño insistiría que le comprara algo.

- ... tampoco vengo a vender nada...

La viejita que iba adelante sonrió ya que le gustaba coleccionar estampitas y cuando no mendigan, ni venden, regalan estampitas y uno les da una moneda.

- ... y si alguien está pensando que vengo a regalar estampitas o cualquier otras cosa a cambio de una moneda está equivocado...

Entonces el miedo se pintó en los rostros ya que si no estaba pidiendo limosnas, ni vendiendo nada, ni regalando nada a cambio de una moneda sólo quedaban dos opciones: o era un atracador, o era un fanático religioso que quería hablarles del fin del mundo y de la necesidad de arrepentirse para no consumirse en le fuego eterno y poder disfrutar de la vida eterna.

- ... tampoco soy un atracador ni vengó a predicar el fin del mundo...

La curiosidad desplazó al miedo, si no estaba pidiendo limosnas, ni vendiendo nada, ni regalando nada a cambio de una moneda, ni atracando, ni predicando, entonces ¿Que quería?

- Quiero decirles algo, toda la vida no he sido lo que ustedes ven hoy, hubo un tiempo - que hoy parece muy lejano - en que tuve una casa, estaba en la universidad, tenía mi novia... pero un día tuve un sueño, y en aquel sueño se me presentó la vida en toda su miseria, y todas aquellas cosas que había aprendido a ignorar se presentaron ante mí, pero no para que las presenciara sino para que las viviera.

En aquel sueño no sólo presencie la miseria de la mujer que se prostituye por hambre sino que fui esa mujer.

En aquel sueño no sólo presencie el hambre del gamín, fui yo quien aspiré sacol para engañar el frío y el hambre que sentía.

En aquel sueño fui tantas cosas, y después de cada vivencia quedaba un sonido, el trozo de una melodía flotando en mi memoria, y cada vivencia dejaba un nuevo fragmento que se unía al anterior, y así, poco a poco, se formó una extraña melodía, síntesis del dolor y de la miseria de un mundo cada vez más deshumanizado.

Cuando desperté, aquel sueño estaba presente en mí, y en vez de írseme olvidando con el paso de los días, como sucede con la mayoría de los sueños, cada vez era más intenso, más nítido y ya no pude refugiarme en la indiferencia.

Desesperado intenté cambiar las cosas pero por cada boca que llenaba habían millones que quedaban vacías y por cada lágrima enjugada un océano de dolor regaba la tierra.

Terminé en un manicomio y allí acallaron mis gritos a punta de drogas pero el dolor que me hacía gritar y la melodía que lo provocaba seguían en mí.

Un día salí del manicomio, mi voz se había gastado y mis gritos ya no eran tan estridentes, deambule por las calles como alma en pena hasta el día en que encontré una armónica en el tarro de basura en que buscaba comida; nunca había tocado una armónica pero la lleve a mis labios y la melodía que me habitaba surgió a través de ella, por eso estoy aquí.

Y el joven sacó una armónica, sus labios se juntaron a ella y la melodía brotó.

Cada uno de los pasajeros al escuchar la melodía fue por un momento gamín, prostituta, drogadicto, ladrón, anciano... en sólo unos minutos toda la miseria del mundo recorrió sus cuerpos y al cesar la música descubrieron que el bus estaba inundado, el agua les llegaba hasta más arriba de los tobillos, y aquella agua eran sus propias lágrimas.

Presurosos sacaron la billetera pero el joven sonrió y comprendieron la inutilidad de su dinero, aquel joven no lo necesitaba y tendrían que buscar otra manera de acallar su propia conciencia.

Entonces el joven sonrió, hizo un gesto y las lágrimas se convirtieron en esferas luminosas que flotaron hasta llegar a él y se metieron en su mochila.

- Gracias - dijo antes de bajarse del bus y perderse en el horizonte en busca de otros seres a quienes dejar su melodía.

EL TALISMÁN DEL ROSTRO AMADO

En medio del humo de los cigarros apareció la silueta de aquel viejo gitano.

- Le doy un talismán por un trago.

- Y yo para qué un talismán.

- Para que pueda enamorar a cualquier mujer.

- Estás loco viejo si crees que me voy a comer ese cuento, pero si quieres un trago te lo invito, gratis.

El viejo sorbió el trago con avidez y luego de dar las gracias entregó al joven un medallón.

- ¿Y esto?

- Un talismán del rostro amado.

- Te invité gratis el trago, mejor lo guardas para alguien que crea en esas tonterías.

- No es ninguna tontería, funciona y es suyo, yo no pedí que me regalara nada.

- Esta bien. - respondió para no ofender el orgullo del viejo - ¿Para qué sirve?

- Mientras lleve este talismán colgando de su cuello las personas lo verán, no como es usted físicamente, sino según su propio ideal de belleza. Será gordo, flaco, alto, bajo... dependiendo del ideal de hombre de quien le mire.

Al otro día el joven se puso el talismán para ir a la universidad, sintió algo extraño al hacerlo pero se dijo a si mismo que era sólo su imaginación y cuando sintió la mirada de deseo de las mujeres con que se encontraba se repitió lo mismo.

Pero cuando su mejor amiga lo tomó de la mano y le dijo que nunca había notado lo azul que eran sus ojos - que en verdad eran negros - y que era, físicamente, el hombre más hermoso que ella había visto, el joven comprendió que el anciano no había mentido.

Y esa noche, luego de hacerle el amor, cuando se miró en el espejo descubrió una imagen diferente a la suya, la imagen de un hombre moreno, de cuerpo atlético y ojos azules.

Y él sintió tristeza porque ella había estado con otro pero el recuerdo de la pasión con que se había entregado y de todos los placeres que ella le había hecho sentir, ahogó aquel sentimiento.

Ese día comenzó su carrera de seductor.

Las mujeres, al ver que su aspecto era el del hombre soñado, se acercaban a él ansiosas de hallar que la semejanza con el hombre ideal no sólo era física, así que era fácil engañarlas...

- Te gusta Benedetti.

- Claro, es mi artista favorito.

- Recítame uno de sus poemas.

- No me se ninguno de memoria pero porque no me dices tu alguno.

Y ella comenzaba a recitarle los poemas que él jamas había escuchado, mientras él la veía con una mirada mezcla de aburrición y deseo que ella percibía como la mirada más tierna y enamorada del universo.

En conclusión no era más que saber callar, escuchar y asentir, dejar que ellas mismas describieran él aspecto interior del hombre soñado y luego con un gesto decir:

- Que casualidad, yo soy así.

Y después de hacer el amor encontrar en el espejo el reflejo del hombre que ellas habían visto.

Pero un día sucedió lo inesperado.

Pasaba por la cafetería de la universidad y al verla comprendió lo que las mujeres sentían al verlo a él. Era tan hermosa, cada rasgo físico concordaba, no con los de una mujer perfecta, sino, con los de la mujer que él siempre había soñado.

Ese día acabó su carrera de seductor pues él fue seducido.

Así que se acerco a ella, sin simulacros, aunque llevando el talismán. Fue hermoso, descubrió semejanzas y diferencias que le encantaron.

No la llevó a la cama esa noche, ni la siguiente, quería disfrutar ese amor, alargar cada momento, además tenía miedo, no quería descubrir el verdadero aspecto del hombre que ella amaba.

Mas llegó el día en que sus cuerpos se unieron, ya que el amor es también deseo, ambos se entregaron como nunca antes y sólo el recuerdo del talismán evito que fuera el momento perfecto.

Ella dormía cuando él se levantó de la cama, las lágrimas humedecían su rostro mientras se acercaba al espejo para descubrir al hombre cuya imagen ella amaba.

Sus ojos recorrieron cada detalle y luego el talismán se estrelló contra el piso haciéndose pedazos.

Luego se acercó a ella para despertarla, para hablarle del talismán y explicarle que la magia no había sido necesaria, que ella lo había visto como él era, que la imagen en el espejo, por primera vez, había sido su verdadera imagen.

Pero no le dijo nada pues descubrió que del cuello de ella pendía un talismán del rostro amado.

EL HOMBRE SIN LAS DOS PIERNAS

El hombre sin las dos piernas era el ser más feliz de la aldea de pescadores.

Cada día al llegar la madrugada salía con su bote a pescar.

Su bote: el había talado el árbol y ahuecado el tronco, sus manos le habían dado la forma precisa y sobre la superficie de la madera había tallado las cosas que más amaba.

Cada mañana sus manos empuñaba los remos, igual que el bote, frutos de sus manos y los movían con tal fuerza, rapidez, agilidad y precisión que el bote parecía volar sobre las aguas.

Por eso llegaba siempre primero al mejor lugar de pesca, aunque decían los viejos que el mejor lugar de pesca era el que él eligiera pues sabía arrojar la red como el que arroja una caricia y los peces, estúpidos como hombres, se dejaban atrapar en aquel abrazo de cuerdas.

Por eso, cada día, era el primero en llenar de peces su bote y lograba vender su pescado a buen precio.

Luego se iba para la taberna, se tomaba 2 0 3 cervezas y pulsaba con quien lo retara.

Su fuerza era legendaria, de lugares muy lejanos llegaban personas a tratar de derrotarlo pero nunca aquel brazo fue doblegado.

Después llegaba la noche y aquellas manos tejían el mimbre o modelaban la arcilla.

Sus hijos amaban aquellas manos fuertes y tiernas que los arrojaban al aire y que siempre estaban allí para recibirlos y protegerlos.

Su mujer amaba aquellas manos que la cubrían de caricias.

Sí, sin lugar a dudas, el hombre sin las dos piernas era el ser más feliz de la aldea de pescadores.

Por eso nunca entendimos porque de un momento a otro pareció enloquecer y se arrojó sobre aquel joven de ojos azules y con aquellas manos le arrebató la vida, porque aquellas manos se hicieron asesinas y lo condenaron a cambiar su mar por una celda oscura y húmeda.

¿Por qué? Por qué matar al joven de ojos azules si nunca le hizo daño a nadie, si solo trajo al pueblo alegría y cosas hermosas, entre otras ese nuevo invento de la civilización llamado bicicleta.

SEMILLAS

Era la flor más hermosa que había visto, aunque no sabía decir en que consistía aquella hermosura que la hacía parecer un sueño.

- Gracias le dijo a él, es el regalo más hermoso que me han dado y no es que sea la primera vez que me regalan flores, pero jamás había visto unas así. ¿Dónde las conseguiste?

- ¿Dónde? No me lo va a creer pero la primera vez que la vi, usted le estaba sonriendo a un niño, aquella sonrisa se quedó dentro de mí, me iluminó con el resplandor de una súper nova y luego se hizo semilla, y de esa semilla brotó un campo de flores, brotó allí dentro de mí, como un sueño, y aquellas flores comenzaron a crecer.

Días después, al bañarme, noté algo extraño en mi pecho, era como la punta de una flor, pero claro pensé que aquello era una locura, también pensé en ir al médico pero al final opté por aguardar y ante mi asombro, pocos días después no tuve dudas, lo que había brotado de mi pecho era una flor y cuando la vi en la plenitud de su hermosura la arranqué y se la traje, nunca me ha gustado arrancar las flores pero algo dentro de mí me decía que la flor lo deseaba, ella quería que la arrancara y se la regalara para estar junto a usted.

- Ahora entiendo porque parece un sueño ¡Lo es! Sabe, ya no se cuál regalo es más hermoso, si la flor o la historia que inventaste acerca de su origen.

- Pero es verdad, se lo juro, yo no he inventado nada.

- Eres el embustero más hermoso que he conocido, ¡Gracias! - Y sobre la mejilla de él depositó un beso para luego marcharse.

Esa noche él sintió que aquel beso se hacía semilla dentro de si y días después experimentó un extraño cosquilleo en su estómago producto del aletear de cientos de mariposas que brotaron de la semilla - beso y se sintió feliz al sentir que su interior era un campo de flores cubiertas de mariposas. Y una de aquellas mariposas deseo llegar al cielo, extendió sus alas y comenzó a ascender, otras le siguieron y cuando él despertó encontró su cuarto lleno de ellas.

Días después ella lo encontró esperándola a la entrada de su lugar de trabajo, en las manos llevaba una caja, se la entregó y cuando ella lo abrió una bandada de mariposas comenzó a revolotear en torno suyo.

- Siempre estarán a tu lado

- Son extrañas, parecen un sueño igual que la flor que me regalaste. A propósito no sólo no se ha marchitado sino que parece que siguiera floreciendo.

- Ya se lo dije, broto de mi interior y la semilla de la que surgió fue el resplandor de su sonrisa y mientras su sonrisa me habite esa flor vivirá.

- ¿Y las mariposas? ¿También brotaron de mi sonrisa?

- No, brotaron del beso que depositó en mi mejilla.

Ella soltó una carcajada.

- Eres un loco, debe ser fácil enamorarse de alguien como tú.

Y aquellas palabras fueron música para sus oídos y aquella música se hizo semilla y de allí brotaron un sin fin de pájaros, con la capacidad de canto del ruiseñor pero unas plumas color arco iris más hermosas que las del colibrí, que hicieron de su interior un lugar de vuelos y melodías.

Días después ella lo encontró esperándola a la entrada de su lugar de trabajo.

- ¿Ahora qué traes mi adorable embustero?

Él respondió con un silbido y una pareja de pájaros color arco iris se posó sobre los hombros de ella.

- No lo puedo creer, ¡Son tan hermosos! Te invito a comer a mi casa y allí me contarás la historia del origen de estos pájaros.

Llegó la cita, la comida estuvo estupenda - aunque ella no sabía cocinar y le sirvió bistec y él era vegetariano -, luego conversaron como dos viejos amigos y al final ella preguntó:

- ¿Cuál es el origen de los pájaros?

- ¿Recuerdas cuando dijiste que sería fácil que te enamoraras de mí? Pues esas palabras se hicieron melodía y esa melodía se hizo semilla; de esa semilla surgieron ellos.

- Espera un momento - dijo ella con voz triste - Yo nunca dije que sería fácil que me enamorara de ti, dije que debe ser fácil enamorarse de alguien como tu, pero yo estoy enamorada y sólo quiero ser tu amiga, nada más.

Él no dijo nada, las lágrimas humedecieron su rostro y aquellas lágrimas se hicieron semilla penetraron dentro de él, envenenaron el aire, se hicieron tempestad, una tempestad que lo arrasó todo. Los pájaros cayeron muertos, las flores se marchitaron, sólo las mariposas sobrevivieron pues arrancaron a mordiscos sus alas y escaparon a aquel aire envenenado por una expresión de desamor.

Ella se quedó estática, sin poder creer lo que sus ojos veían y él se marchó dejando tras de si un rastro de lágrimas, pájaros muertos, flores marchitas y mariposas sin alas.

VENCIDO EN FRANCA LID

Cansado de la derrota cotidiana Romántico Soñador decidió que nunca más sería vencido.

No fue fácil pero logró hallar el escondite del mago Merlín y convencer al viejo druida para que le enseñara las palabras mágicas con las cuales invocar a la dama del lago y así poder convertirse en el dueño de Excalibur, la espada sagrada que hiciera famoso al rey Arturo.

Ya dueño de Excalibur viajó hasta Escandinavia y luchó contra Fafnir, el dragón que combatiera Segismundo.

Fue una batalla feroz: el fuego brotando de las fauces del dragón contra el fuego que animaba el corazón del joven guerrero; alzar la espada mágica pese al dolor de las quemaduras con el convencimiento de que sólo existían dos opciones para curar sus heridas: bañarse en la sangre del dragón o sumergirse en el dulce sopor de la muerte.

Y finalmente la muerte llegó, la sangre brotó como un manantial y el cuerpo Romántico Soñador se desplomó sumergiéndose en ella.

Al despertar sintió su cuerpo diferente y se supo invulnerable pero, conocedor de la leyenda de los Nibelungos, observó con cuidado que la sangre del dragón en verdad hubiera recorrido todo su cuerpo y así no tener como Segismundo un punto vulnerable, un talón de Aquiles.

Pero aún no se sentía seguro, así que se dirigió a Grecia y pidió a la diosa Atenea que le prestará su escudo mágico, “la Hégira”, aquel que forjó mismo Vulcano, dios del fuego; aquel en el que se encuentra fundido junto al metal la cabeza de Medusa, la Gorgona, razón por la cual quién lo posee puede transmutar a su enemigo en piedra.

La diosa Atenea sonrió al escuchar el deseo de Romántico Soñador y para acceder al mismo lo sometió a miles de pruebas: desde resolver los más difíciles enigmas hasta derrotar a los más horribles monstruos.

Su gesta sobrepasó a la de Ulises, Hércules y todos los demás héroes, dioses y semidioses de todas las mitologías existentes. Hasta que se agotó la imaginación de la diosa y está le entregó el escudo pues no encontró retos mayores para proponer al joven guerrero.

Ahora que era dueño de Excalibur, - la más poderosa de las espadas -.

Ahora que su brazo poseía el más poderoso escudo.

Ahora que su cuerpo era invulnerable.

¿Qué o quién podría derrotarlo?

Miles de veces se hizo esta pregunta y la respuesta era: ¡Nada ni nadie!

Pero todo fue inútil, ella lo desarmó con una mirada y él, Romántico Soñador, no fue capaz de decirle que la amaba.

ROBERTO TE AMO

Llegó con el ramo de rosas y la mejor de sus sonrisas...

- Roberto me hubiera traído violetas - dijo ella eclipsando la sonrisa de su rostro.

Siempre era igual: el fantasma de Roberto inmiscuyéndose en cada uno de los momentos de su vida común, recordándole a cada momento que nunca sería demasiado bueno para ser amado por ella.

Esa noche buscó la soledad de un viejo bar y allí encontró a aquel viejo gitano; no supo porque pero terminó contándole sus problemas y al final el viejo le enseñó un extraño conjuro.

- Con este conjuro podrás preguntarle a ella que puedes hacer para que te ame a ti -.

Al principio lo tomó como una tontería, pero luego, al llegar a su casa, se preguntó que perdería con intentarlo y lo hizo: mezcló los ingredientes, repitió las palabras y el asombro se pintó en sus ojos cuando pudo verla a ella, durmiendo, como si estuviera allí y no en su cuarto, intentó tocarla y descubrió que era sólo una imagen, entonces hizo la pregunta.

- Tal vez si fueras 15 centímetros más alto - y al otro día él llevaba unos zapatos de plataforma y cuando ella lo vio...

- Te ves muy bien.

- Gracias, ¿Quieres ir al parque a tomar un helado?

Ella aceptó y cuando llegaron a la heladería ella pidió un helado de vainilla, él, intentando agradarla, pidió un helado del mismo sabor y mientras cada uno comía su helado ella dijo:

- Roberto hubiera pedido un helado de chocolate y así hubiéramos podido compartir -.

Pero él no se desanimó, al llegar la noche repitió el conjuro:

- Tal vez si tus ojos fueran azules -.

Y él compró lentes de contacto pero de nuevo el fantasma de Roberto volvió a inmiscuirse y el joven repitió el conjuro.

Así cada día un nuevo intento, así cada día una nueva derrota.

Cambió sus amigos, su ropa, su corte de cabello, la carrera universitaria que estaba haciendo...

Y por fin una mañana sintió que su sueño se hacía realidad: ella se le acercó, le dio un abrazo y un beso tierno y apasionado, luego lo miro a los ojos y...

- Te amo, te amo Roberto.

EN UN RINCÓN DEL SILENCIO

Él era un poeta, uno de esos seres que hacen alquimia con las palabras.

Ella era simplemente una mujer que deseaba encontrar un poeta, para amarlo, para ser amada, ansiosa de vivir una mezcla de metáforas y de caricias.

Él deseaba hallarla, ella deseaba ser hallada, sumar sus soledades de forma que se anularan y era tanto su deseo que dieron forma al destino, confluyeron por fin en un mismo espacio, en un mismo tiempo, frente a frente comenzaron a saborear la sensación de un sueño hecho realidad.

Pero las palabras sintieron celos, celos de que el poeta amará a alguien más que a ellas mismas, así que se le ocultaron en un rincón del silencio, en vano las llamó para él verso, no quisieron habitar la caricia llamada poema, y mientras tanto el reloj continuaba con su tic tac incensante y los segundos - insignificantes, diminutos - se fueron acumulando hasta hacerse significantes, hasta llegar a romper lo irrompible: la esperanza.

Ella quería un poeta, él no pudo serlo para ella pese a que no había sido otra cosa durante toda su vida, por eso se marcho y él no pudo detenerla, la amaba pero no pudo decírselo, las palabras, ocultas en un rincón del silencio, se negaron a ser atrapadas.

LA PRINCESA Y EL DRAGÓN

Era el chisme de moda, la princesa sosteniendo romances con un campesino y como siempre, o como casi siempre, su padre, el rey, fue el último en enterarse, pero se enteró; furioso ordenó que la princesa fuera llevada a su presencia y le preguntó acerca de los rumores.

- Es mi vida y no tengo que dar a nadie explicaciones acerca de ella - respondió la joven.

- ¡Tu vida! Se te olvida acaso que eres princesa y que tu proceder no sólo te compromete a ti sino también a nuestra familia. Pues has de saber, hija mía, que ahora mismo enviaré soldados a la casa de ese campesino y para mañana su cabeza estará sobre una estaca -.

En los ojos de la princesa se dibujó por un momento la angustia para luego ser suplantada por una mirada colérica.

- ¡Así piensas defender el honor de nuestra familia! Procediendo como si fuera verdad la mentira de alguna vieja chismosa que no encontró otro entretenimiento y por eso puso en duda mi honor. No padre, erróneamente piensas que te dije de no inmiscuirte en mi vida privada porque el rumor es verdadero, y no lo es. Me indigna que me creas capaz de fijar mis ojos en un campesino cuando puedo elegir como amado al príncipe o rey de una nación poderosa.

- Me alegró de escucharte hija mía, pero tu honor ha sido puesto en duda y algo hay que hacer -.

La princesa estuvo de acuerdo y por sugerencia de ella misma el rey preparó un fastuoso banquete y alegando la falta de criados ordenó al campesino que acudiera al palacio para que ayudará a atender las mesas, y cuando se acercó, llevando una bandeja con exquisitos platillos, a la mesa donde departía la princesa con otros comensales esta le detuvo con un grito:

- Aléjate de aquí estúpido, no quiero tenerte cerca de mí. No se si tú tengas algo que ver, pero existe el rumor que hay un romance entre nosotros, así que desaparece de mi vista -.

Como si sólo esperaran aquella palabras para actuar, dos soldados agarraron al campesino y lo sacaron a rastras del palacio.

- No soportaré esta humillación - gritó - Convocaré al más poderoso de los dragones para que vengue mi afrenta -.

La amenaza fue recibida con carcajadas, un pobre campesino invocar un dragón; y las risas duraron varios días, sólo se acabaron cuando el dragón llegó a palacio y raptó a la princesa.

La conmoción se apoderó del reino, los más grandes guerreros fueron convocados y uno a uno penetraron a la cueva donde el dragón tenía prisionera a la princesa.

Cinco segundos, tan sólo cinco segundos transcurrieron antes de que el más grande de los guerreros del reino saliera corriendo despavorido, y los otros guerreros duraron aún menos en emprender la huida.

Así que el rey puso un letrero anunciando que se buscaba a un guerrero sin miedo a la muerte capaz de derrotar al dragón, recompensa: la mano de la princesa y la mitad del reino.

Muchos guerreros acudieron al llamado, tantos que para reducir su número, por orden del rey se construyó una guillotina en la plaza del pueblo; luego el hechicero real dijo que para combatir el dragón había que dejarse decapitar pues el fiero animal sólo podía ser combatido por un espíritu y que una vez el dragón fuera vencido el hechicero, con ayuda de su magia, devolvería la vida al valeroso guerrero.

El número de guerreros disminuyó notablemente pero aún eran demasiados, así que uno a uno fueron llevados a la guillotina y tras gruesos cortinajes fueron supuestamente ejecutados y sólo a los guerreros que no mostraron miedo se les permitió penetrar en la cueva del dragón.

Todo fue inútil, él más valiente de todos, él que no dejó de sonreír pese a ver la cuchilla sobre su cabeza solamente tardó quince segundo en salir corriendo.

El rey desconsolado hizo detener al guerrero y preguntó que le había ocurrido.

- Mi señor, yo llegué dispuesto a enfrentarme con la muerte pero lo que surgió de la boca del dragón fue un reto de la vida y me di cuenta que no tenía el valor suficiente para vivir con plenitud, que tras el supuesto valor de mi condición de guerrero se oculta el miedo: miedo a amar, a entregarme, a confiar en alguien que no fuera yo, a confiar en algo que no fuera mi espada. En fin, que si busco la muerte no es por valor sino por temor a la vida -.

El rey colocó entonces un nuevo letrero anunciando que se buscaba un guerrero sin miedo a la vida capaz de derrotar al dragón, recompensa: la mano de la princesa y la mitad del reino.

Nunca acudió un guerrero a este nuevo llamado, y el rey se quedó esperando y seguirá esperando, ya que los únicos seres sin miedo a la vida que hay en el reino son: una princesa enamorada y un campesino disfrazado de dragón.

LA CASA DE LAS PLEGARIAS

Guiado por la locura llegué a la casa de las plegarias, a la entrada un letrero decía:

“Petición, ofrenda y pecado, tríada que conforma la plegaria.

La petición es el ruego, lo que se pide a Dios.

La ofrenda es el pago para la deidad, un intento de nivelar la balanza, entre lo que se pide y lo que se da.

El pecado es la razón de la expulsión del paraíso, el causante del vacío que en un intento absurdo por llenar nos obliga a la plegaria”.

Al entrar me encontré con un pasillo que se extendía hacía el infinito y a izquierda y derecha una hilera interminable de puertas y detrás de cada una la historia de una plegaría.

Abrí muchas puertas, pero mucho de lo que allí vi no pudo ser atrapado por mi memoria ni comprendido por mi pensamiento, y de aquellas cosas que comprendí y no olvidé, muchas no puedo expresarlas con mis palabras y se quedarán dentro de mí y conmigo morirán.

Por eso sólo puedo narrar algunas cosas pero aún así son demasiadas, así que omitiré la mayoría de ellas...

Al abrir la primer puerta, una puerta de color rojo como la sangre fresca, me encontré con un hombre cuyo cuerpo no era más que la suma de heridas y cicatrices, en su mano sujetaba un látigo con bolas de plomo en las puntas que descargaba periódicamente, con la exactitud de un reloj, sobre su propio cuerpo mientras se arrodillaba sobre trozos de vidrio y sobre su frente descansaba una corona de espinas.

Sentí nauseas ante aquella imagen pero pudo más la curiosidad.

- ¿Qué es lo que pides?

- Pido no sufrir más, que la vida deje de ser este perpetuo martirio, esta lágrima constante que fluye como manantial inagotable.

- ¿Qué ofreces?

- ¿Acaso está ciego?, me he coronado con espinas, he desollado mi carne con el látigo, me he arrodillado sobre trozos de vidrio. Pero parece que Dios es insensible y mi dolor aumenta en vez de disminuir, pese a la grandeza de mi sacrificio.

- Pides que cese tu dolor y es tu ofrenda causarte dolor.

- Así es, Dios sólo oye al que se sacrifica así como su hijo, o acaso vas a negar que fue crucificado, que sobre sus espaldas se descargó el látigo y en su frente descansaron las espinas.

- No lo niego, pero no fue el quien se causo dolor... - intenté explicar pero aquel ser no escuchaba, sus labios ensangrentaban un Padre Nuestro y sus actos perpetuaban una vida sinónimo de dolor, dolor que él mismo se causaba, así que salí y cerré la puerta.

Una puerta color azul celeste con su superficie tallada con la imagen de unicornios, dragones y hadas llamó mi atención y al abrirla me encontré con un pequeño, su sonrisa disipó mi tristeza y extrañado por su presencia procedí a preguntar.

- ¿Qué es lo que pides?

- ¿Pedir?

- Si, qué quieres.

- Pues quiero ser grande para poder hacer lo que desee.

- ¿Y qué ofreces a cambio?

- No lo se, sólo tengo una pelota de fútbol, un sapo que yo mismo cogí y una goma de mascar.

Sonreí recordando los pequeños tesoros de mi infancia.

- ¿Cuál es tu pecado?

- ¿Pecado? No lo se. ¿Quieres jugar?

- No puedo - le contesté antes de salir y cerrar la puerta.

La puerta que seguía era de color nostalgia, y tenía grabada en su superficie la figura de un reloj y dentro de su esfera unicornios con el cuerno quebrado y dragones de mirada triste encendiendo cigarros a hombres vestidos de gris y al abrirla encontré a un joven.

- ¿Quién eres, qué es lo que pides? - pregunté al percibir en sus rasgos semejanzas con el pequeño de la puerta anterior.

- ¿Quién soy? Acaso hay alguien que sepa realmente quién es.

¿Qué pido?, no lo se, sólo quiero tener tiempo para soñar, no estar siempre pensando en deudas y compromisos, sentir que el porvenir hará realidad mis sueños, aspirar a algo más que sobrevivir.

- ¿Qué ofreces?

- Mi sacrificio de cada día, mi lucha contra molinos de viento, seguir alimentando los sueños aunque sea con rabia y frustración, pero parece que no es suficiente.

- Te comprendo, pero ¿Cuál es tu pecado?

- No estoy seguro, pero cuando era un niño pedía ser un hombre sin saber realmente lo que eso significaba.

- ¿Quieres jugar? - le pregunté pensando que así podría sentirse de nuevo niño aunque fuera por un instante.

- Me gustaría pero no tengo tiempo y ya se me olvidó.

- A mi también - dije antes de salir y cerrar la puerta de aquella habitación que me traía demasiados recuerdos y me recordaba demasiadas verdades.

Continué abriendo puertas, en una de ellas el dibujo de una mujer que arrancaba las plumas de sus alas para hacer un nido al ser que llevaba en su vientre me llenó de ternura, así que la abrí y fue como si el dibujo tomará vida.

- ¿No amas tus alas?

- Claro que sí.

- Entonces por qué lo haces.

Con su mano acarició su vientre mientras decía:

- Hay otras formas de volar, él agitará sus alas y no sólo se elevará su cuerpo.

- Pero tú seguirás en la tierra.

- Lo se, pero tú ¿Quién eres? ¿Que haces?

- ¿Quién soy? Acaso hay alguien que sepa realmente quién es. Sólo preguntó, escucho y aprendo. ¿Qué es lo que pides?

- Que mi hijo nazca bien, crezca y sea feliz.

- ¿Qué es lo que ofreces?

- A mi hijo, si Dios me ayuda será alguien que haga del mundo un lugar mejor, pero si no es suficiente ofrezco a cambio mi vida.

- ¿Cuál es tu pecado?

La mujer lo pensó y luego con una sonrisa y voz titubeante me respondió:

- Dicen que mi hijo, pero yo no lo creo.

Salí y cerré la puerta, y antes de abrir la que seguía descubrí que el dibujo había cambiado, ahora era el de una anciana con las alas totalmente desplumadas que miraba con tristeza un cielo vacío mientras se preguntaba cuál había sido su pecado.

Y tras cada nueva puerta una nueva historia, como la del pecador que pedía perdón por su pecado, ofrecía a cambio su arrepentimiento pero no sabía que su verdadero pecado no era la falta cometida sino el no ser capaz de perdonarse a si mismo.

Y por fin sólo quedo una puerta, la eternidad encontró un límite en ella misma y sobre su superficie una serie de imágenes aparecía y desaparecían con tal rapidez que el todo se confundía con la nada.

Abrí la puerta y me encontré frente a una extraña presencia. Ninguno de mis sentidos podían comprender lo que captaban, lo único claro fue la sensación de terror, inmensidad e insignificancia que me invadió, mi curiosidad desapareció, quise huir pero algo me detuvo y me escuche a mi mismo, como si fuera otro, hacer la primera de las tres preguntas.

- ¿Qué pides?

- No pido nada, no tengo nada que pedir ni a quien pedir.

- ¿Qué ofreces?

- Por la misma razón que no tengo nada que pedir ni a quien, lo ofrezco todo.

El pánico se apoderó de mí, no quería saber más, sentía que en la historia de aquel ser había una tristeza y una soledad tan infinitas que su sola visión aniquilaría a cualquier ser humano pero debí seguir, era como si las preguntas tuvieran una vida y una voz propia que yo no podía evitar ni aniquilar.

- ¿Cuál es tu pecado? - dijo una voz que no era la mía aunque surgió de mi garganta mientras con las manos me cubría los oídos y mi voz se hacía grito para no escuchar y aún así cada átomo de mí escuchó la respuesta.

- Mi pecado, mi pecado es ser Dios.

LA PALOMA

El ruido de las sirenas, los gritos de los heridos, el llanto por los muertos formaban una lúgubre melodía: la paloma, escultura de Fernando Botero había sido dinamitada, parte de ella había estallado en fragmentos de metal y muerte, los telenoticieros no transmitían otra noticia y mientras la gente se preguntaba quiénes serían los desgraciados asesinos dos niños lloraban y recordaban.

Habían sentido tanta alegría al ver la paloma, era como las aves gigantesca de los cuento fantásticos y por eso pensaron que montados en su lomo podrían llegar a mundos mágicos, donde no hubiera tanto miedo ni dolor.

Pero la paloma no respondió al saludo ni a las caricias.

Así que los niños exploraron en los libros de cuentos en busca de palabras mágicas con las cuales despertar al gigantesco pájaro de lo que pensaban era un hechizo.

Pero todas las palabras fueron inútiles, la paloma seguía dormida.

Entonces los niños descubrieron que las patas de la paloma estaban pegadas al pedestal

- Hay qué liberarla - dijo uno de los niños - pero ¿Cómo?

Y los pequeños comenzaron a investigar, su padre, un terrorista, fue, sin saberlo, proveedor y maestro.

La bomba fue preparada y ante la mirada de los transeúntes, que no repararon en ellos, pues no eran más que un par de niños, colocaron la bomba y se sentaron a esperar, a una distancia prudente, la explosión que liberaría a su amiga para luego montar en su lomo e ir a un mundo mejor, más allá de los golpes, la soledad y el miedo.

Y mientras los niños lloraban la muerte de su amiga y de su sueño, la gente se preguntaba quienes serían los desgraciados terroristas.

EL COLOR DE LOS OJOS

Eran tiempos antiguos, una tierra joven, unos hombres ingenuos con el alma llena de asombro, hombres que al desconocer las explicaciones de la ciencia buscaban explicar el mundo con las herramientas de la fantasía, y en aquel entonces los hombres tenían otra mirada y los ojos eran también diferentes pues todos los hombres los tenían iguales: un océano de blancura y en el centro la abertura de la pupila, que al ser sólo un orificio da la sensación de ser de color negro.

Pero los hombres querían color en sus ojos y acudieron a los antiguos dioses.

- Nada podemos hacer, son ustedes los únicos que le pueden dar color a sus ojos.

-¿Cómo?

- Miren algo con tanta pasión que se tiña su mirada.

Los hombres no comprendieron la respuesta de los dioses, y el tiempo siguió fluyendo, del asombro se pasó al deseo de poder, el hombre inventó la guerra: el resplandor de las espadas cegaba el de la vida.

Y en aquella nueva era un hombre se hizo leyenda, su nombre no importa, sólo basta saber que fue el primer chacal humano de la historia y el primero en tener color en sus ojos. Estaba descuartizando a un niño, lentamente, disfrutando cada instante, devorando con la mirada aquel macabro espectáculo y entonces alguien gritó su nombre, él volteó a mirar enseñando, a quien lo había llamado, unos ojos del color de la sangre fresca.

Y los hombres ya no fueron iguales sino que se dividieron en los hombres de ojos rojos: los amos, y hombres sin color en la mirada.

Fue el tiempo de la opresión y algunos hombres decidieron no traicionarse convirtiéndose en amos pero no rompieron las cadenas, sólo cambiaron la tiranía de los de ojos color rojo por la tiranía del miedo y sus ojos terminaron tiñéndose de color negro, de tanto ansiar las sombras para que los ocultaran. Y las cadenas que amarraban a los hombres hicieron que nada cambiara pese al transcurrir del tiempo.

Pero un día, un grupo de guerreros llegó hasta lo más profundo de un bosque, perseguían a un ciervo, ansiosos de su carne y de su sangre, y allí encontraron una cabaña aislada del mundo, un lugar al margen del sistema.

Los guerreros entraron y el asombró se pintó en sus ojos: era un lugar lleno de flores, de armonía, de pequeños detalles como nunca antes habían visto; un lugar que no podía ser el de ninguna de las castas que habitaban el mundo: un lugar en el que se respiraba libertad, no salvajismo ni miedo.

Asustados y furiosos salieron de la cabaña para buscar a sus habitantes y matarlos, de repente se estremecieron al escuchar un sonido desconocido, guiados por aquel sonido hallaron a los habitantes de aquella cabaña: dos jóvenes que chapoteaban desnudos en un arroyo mientras reían.

Arma en mano se acercaron a ellos para ver el color de sus ojos, para saber si eran esclavos o enemigos, para saber que hacer.

La respuesta llena de misterio les obligó a huir, aquellos ojos no eran ni rojos, ni negros, ni carecían de color.

Los ojos de ella eran verdes como aquel bosque y como la esperanza que habitaba su alma y en ella florecía.

Los ojos de él eran azules como el cielo que amaba, mostraban una mirada capaz de mirar el porvenir.

Por eso los guerreros huyeron, entendieron que tarde o temprano todo cambiaría, que las cadenas terminarían estallando incapaz de contener el empuje de las alas y que aquellos ojos verdes y aquellos ojos azules sólo eran el preludio de nuevos tiempos y nuevas opciones para colorear la mirada.

NAVIDAD ÑERA

Las luces navideñas iluminaban sus figuras harapientas, parecían surgir de todas partes y poco a poco se formó un pequeño ejercito de gamines.

Todos estaban allí, todos habían acudido a aquella reunión para tratar de hallar juntos la respuesta al por qué no recibían regalos en la noche de Navidad.

Los gamines viejos hablaron de los viejos tiempos, los más jóvenes relataron la miseria de los actuales y al comparar se dieron cuenta que antes era más frecuente recibir regalos de Navidad.

Pero también observaron otros cambios.

El Niño Dios había sido desplazado por un viejito de barba blanca y traje rojo que a veces se hacía llamar Santa Claus o Papa Noel, sin que nadie supiera cual era el nombre real y cual el alias.

Este viejito no era como el Niño Dios, que llevaba regalos a todo el mundo. Sólo visitaba gente que tuviera una chimenea en la casa, un árbol de Navidad, unas medias de lana colgadas en la pared y le dejará, como pago por su labor, unas galletas de chocolate y una coca cola bien helada.

Al día siguiente comenzó la construcción de una gigantesca chimenea en un terreno baldío ubicado en el centro de la ciudad que antaño había sido una plaza de mercado y luego un hediondo basurero.

Mientras tanto loas monjas descubrían, felices y asombradas, que por fin las niñas de la calle mostraban deseos de aprender a tejer.

Llegó el día de Navidad, al rededor de una chimenea con las paredes llenas de medias de lana, un árbol de Navidad, una mesa provista con galletas de chocolate y una coca - cola los gamines esperaban la visita del viejito de barba blanca y traje rojo.

En el cielo el trineo mágico se detuvo bruscamente, Papá Noel o Santa Claus, no podía creer lo que veían sus ojos, enternecido se dirigió a aquella gigantesca chimenea, se bajó del trineo y con el saco llenó de regalos a la espalda comenzó a descender por el interior de la misma; de repente se detuvo al escuchar un ruido, alguien había tapado la parte de arriba de la chimenea con una reja de hierro y al mirar hacía abajo observó una pila de cartones viejos y trozos de madera impregnados de gasolina.

Al otro día nadie prestó atención al artículo sobre los restos calcinados de un anciano de barba blanca y traje rojo que apareció en la página roja del principal periódico de la ciudad.

Al otro día sólo se hablaba de lo que había sucedido la noche anterior.

Y es que esa noche de Navidad sobre las calles más miserables del mundo había caído una lluvia de regalos, despertando alegría y desconcierto.

Pero nunca nadie sabrá, pues los gamines saben guardar sus secretos, que fueron ellos quienes obligaron al viejito de barbas blancas y traje rojo a confesar, antes de morir, el escondite secreto de los juguetes en el Polo Norte para luego repartirlos entre los más necesitados y así celebrar la primera y única Navidad Ñera que recuerde la historia de nuestro planeta.

MARÍA O LA INSPIRACIÓN

La plasmó en el lienzo tal como la había visto y quienes la conocían se daban cuenta que era y no era el rostro de ella, que quien la había pintado había idealizado sus rasgos y minimizados sus defectos de una forma tan sutil que no podía ser consciente, que aquel retrato había sido pintado por alguien que la amaba.

- Esa mujer se va a volver loca cuando vea ese retrato.

- Ojalá, pero no lo creo, llevamos años siendo tan sólo amigos pese a que ella sabe cuanto la amo y no creo que un simple cuadro cambie las cosas.

- ¡Un simple cuadro!, no hermano lo que pasa es que usted es muy pesimista pero cuando esa mujer vea ese cuadro va reaccionar de tal forma que usted no lo va a creer.

Y en verdad el asombró se pintó en su rostro cuando ella apenas le dirigió una mirada al cuadro.

- Está bonito, lo voy a colocar en mi habitación. A propósito voy a la opera, si quieres me acompañas.

- No puedo, quede de verme con Roberto esta noche.

- No hermano, esa mujer no tiene sentimientos; si a otra mujer usted le hubiera llevado ese retrato se hubiera derretido.

- Mejor no digas nada, no quiero oír hablar de lo que otras mujeres hubieran hecho, María es diferente y no debí haberme ilusionado con lo que me dijiste.

Y el tiempo siguió transcurriendo, hasta que un día al escuchar a María reír y contar un cuento a un grupo de niños sintió que aquellas risas y voces eran los acordes de una hermosa melodía, así que se fue para su casa y transformó en música aquel sentir.

- Ahora si la vas a enamorar, puede que el retrato no la haya seducido pero la magia de la música lo hará.

- Ojalá pero no lo creo - dijo él aunque las palabras de Roberto eran el reflejo de la esperanza que guardaba dentro de si.

- Este hermosa. - dijo ella al escuchar la melodía. - Voy a mostrársela a Julian, le gusta mucho tu música y se que le agradará escuchar una melodía inédita tuya.

- ¿Julian?, creí que habían terminado.

- Estas loco, adoró a ese hombre.

- No hermano, esa mujer no tiene sentimientos, si a otra mujer usted le compone una melodía tan hermosa se hubiera derretido a sus pies.

- No me diga nada, yo no se para que lo escucho, la melodía la compuse por que me la inspiró y no para enamorarla.

- Pero te gustaría enamorarla ¿ O no?

Él ni contestó, negarlo sería absurdo, todos sabían que María era su gran amor.

Y el amor que sentía decidió hacerlo palabras.

- Uy hermanito se lució , es que vea si un hombre me regala un poema así yo me vuelvo marica pero le hago caso.

- Usted siempre dice lo mismo.

- Yo se que hasta ahora me he equivocado pero es que un poema son palabras y es con palabras que los hombres seducen a las mujeres.

Y cuando María leyó el poema.

- Es hermoso, ojalá Julian me escribiera un poema así pero aunque él no escriba poesía la verdad es que me la hace vivir.

- No hermanito, esa mujer no tiene sangre sino hielo en las venas, otra mujer...

- Si otra, pues presénteme esa otra que pueda enamorar con mis retratos, melodías y poemas porque María nunca se va a enamorar de mí.

Y Roberto se la presentó y él la enamoró con sus retratos, melodías y poemas, y casi fue feliz con ella, casi porque él sabia que aquellos retratos, melodías y poemas debían su hermosura al hecho de que en el momento de crearlos pensaba en María.